Terrorismo no “accidente”
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Terrorismo no “accidente”

En República Dominicana enfrentamos el mayor problema que puede suscitarse contra el derecho más sagrado: la protección de la vida. No exagero. Ocurre en nuestras vías por donde transitamos, y no son “accidentes”, es terrorismo infernal terrestre. Así, sin eufemismos. Más de 2,300 muertos en 2024. Miles de heridos. Cifras que año tras año aumentan como si compitieran en una carrera macabra. ¿Y todavía pretendemos llamarlo accidentes? Conductores que manejan temerariamente, motociclistas sin control, vehículos convertidos en armas de destrucción masiva, y una cultura de imprudencia que produce muertes con una frecuencia impresionante. Cualquiera toma un volante y se siente dueño de la vida ajena. No hay respeto a los semáforos, se invade el carril contrario como si fuera terreno conquistado, se hacen competencias de autos en las calles, y el resultado es escalofriante: hospitales colapsados, ataúdes, familias destruidas. Debería advertirse formalmente —incluso por medio de tarjetas entregadas a quienes ingresan al país— que transitar por nuestras calles implica un riesgo real y elevado, que en cualquier momento puede costar la vida. Igual como se alerta sobre zonas de conflicto o desastres naturales. Cuando una conducta repetida, provoca miles de muertes cada año, deja de ser descuido y se convierte en crimen social. Es terrorismo porque siembra miedo, acaba con vidas inocentes y convierte el simple acto de salir a la calle en una ruleta rusa. Declaración, claro está, que no puede venir del gobierno, porque sería inculparse a sí mismo. Pero alguien tiene que decirlo, en República Dominica calles y carreteras se han transformado en un campo de exterminio sobre asfalto. Y el silencio implica complicidad.

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