Tony Caro
La muerte de José Antonio Caro Ginebra ha dejado una profunda tristeza en quienes lo conocieron. Su ausencia se siente más por la calidad humana que irradiaba en su vida diaria. Se fue sin despedirse, como suelen hacerlo los verdaderos amigos, dejando un vacío difícil de llenar. Caro era un conversador brillante, poseedor de una cultura amplia y sin ostentaciones, que sabía cultivar la amistad con elegancia y respeto. Su capacidad para escuchar y disentir con amabilidad lo hacía destacar en cualquier entorno. Caro también era un fiel representante de una tradición familiar caracterizada por la integridad profesional y el sentido de responsabilidad pública. En un mundo marcado por la frivolidad, él encarnaba una forma discreta de entender la buena ciudadanía, con convicciones profundas. Su partida deja un vacío emocional en un grupo cercano de amigos que valoraban su lealtad y afecto sincero. Además, la sociedad dominicana se empobrece con su ausencia, ya que su sola presencia contribuía a ennoblecer el espacio público. Se ruega por la paz de sus restos y se envían condolencias a su esposa, doña Rosalía, quien cuenta con el apoyo de muchos en este difícil momento.