La soberanía como chicle
La soberanía se ha convertido en un concepto flexible en el ámbito diplomático, estirándose o contrayéndose según las circunstancias. Aunque se proclama con fervor, en la práctica se negocia como una mercancía. La fuerza, más que la retórica, define la soberanía, y esto se ha evidenciado en situaciones recientes como la intervención de Estados Unidos en Venezuela, donde se desmanteló el gobierno de Nicolás Maduro, dejando a Delcy Rodríguez al mando en medio del caos. A pesar de las protestas de "imperialismo" desde Caracas, la respuesta internacional fue más burocrática que contundente. Cuba, por su parte, enfrenta una crisis de dignidad y recursos, con apagones constantes que afectan la vida cotidiana. La realidad de la soberanía se manifiesta en la escasez de alimentos y servicios básicos, donde la lucha antiimperialista pierde fuerza sin el respaldo de condiciones materiales. En este contexto, la soberanía parece ser una construcción que se ajusta a las relaciones de poder, donde cada país actúa de acuerdo a su nivel de temor y dependencia. México, por ejemplo, ha aprendido a manejar su relación con Estados Unidos, condenando públicamente sus exigencias mientras en la práctica se somete a ellas, lo que demuestra que la soberanía a menudo es una ficción que oculta dinámicas de poder más complejas.