Nuestros primeros pobladores
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Nuestros primeros pobladores

El título que encabeza esta columna es el catálogo presentado por el Banco Popular Dominicano y la Fundación García Arévalo en el Centro Cultural Taíno Casa del Cordón, que dirige Carmen Rita Cordero.  Este libro es mucho más que páginas, es un recorrido guiado para orientarnos sobre la vida de nuestros aborígenes, aquellos taínos y pretaínos extinguidos tempranamente, de los que solo quedan vestigios en piedra, arcilla y simbolismo espiritual. Imaginemos caminar por este espacio emblemático en la Ciudad Colonial, donde más de 350 piezas arqueológicas, cedidas por la Fundación García Arévalo, narran 5,500 años de historia insular.  La exposición permanente, inspiración del catálogo, nos sumerge en mitos, creencias y quehaceres de comunidades que moldearon la Española antes de los europeos.  Es un llamado urgente visitar este centro para rescatar nuestra raíz indígena, preservada en objetos de maestría aborigen que hablan de un mundo perdido. Felicito al Banco Popular por su vocación cultural firme y a la Fundación García Arévalo por este aporte invaluable a la memoria dominicana.  Su compromiso fortalece la identidad nacional, como resaltó Carmen Rita Cordero, directora del centro.  Manuel García Arévalo, autor y presidente de la fundación, explicó que el libro es un compendio accesible sobre el legado material y espiritual de nuestros primeros pobladores. Ubicado en una de las primeras casas de piedra americana, sede del Popular entre 1974 y 1992, el Centro celebra su primer año con más de 65,000 visitantes desde noviembre de 2024.  Aquí convergen investigación, arte y divulgación, potenciando el turismo cultural. El acto reunió a intelectuales y empresarios, con audiovisuales que avivan la exposición.  Esta abierto de martes a domingo, de 9:30 de la mañana a 6:30 de la tarde. Pueden visitar su web o el perfil de Instagram @casadelcordon.  Este catálogo no es solo un libro, es un puente a vestigios taínos que claman por ser conocidos. Hay que visitarlo, para hurgar y sentir nuestra herencia.

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