La diplomacia que no sale en titulares
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La diplomacia que no sale en titulares

El 31 de enero de 2026, Ifunanya Nwangene, una joven de 26 años en Abuja, Nigeria, falleció tras ser mordida por una cobra. A pesar de que existía un tratamiento efectivo, no había antídoto disponible en la clínica cercana. La falta de acceso a este tipo de medicamentos se debe a que las grandes farmacéuticas consideran que no son rentables, lo que ha llevado a que muchos antídotos, como el Fav-Afrique, sean descontinuados. Cada año, más de cien mil personas mueren por mordeduras de serpiente, principalmente en África, Asia y América Latina, y la mayoría de estas muertes son evitables. Desde 1970, el Instituto Clodomiro Picado de la Universidad de Costa Rica ha estado produciendo suero antiofídico, un esfuerzo que se remonta a principios del siglo XX cuando el científico Clodomiro Picado Twight decidió abordar el problema de las mordeduras de serpiente en trabajadores agrícolas. Hoy, el instituto envía más de 120 mil viales al año a diversas regiones del mundo, incluyendo Nigeria y otros países de África y Asia. Sin embargo, la producción del antídoto no era suficiente; era necesario crear conciencia sobre la gravedad del problema. En 2016, Costa Rica y Colombia comenzaron a trabajar en la Organización Mundial de la Salud para abordar el envenenamiento por mordedura de serpiente. En 2017, la OMS lo declaró como una enfermedad tropical desatendida de alta prioridad, y en 2018 se aprobó una resolución para iniciar acciones globales.

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