Irán no tapa el sur: la prioridad volvió al hemisferio
Una cumbre en Miami, en plena crisis global, revela dónde está el foco real. En un briefing de 4 de marzo la Casa Blanca dejó un mensaje que no cabe en eufemismos: el hemisferio occidental volvió al centro. No como gesto diplomático, sino como prioridad estratégica sostenida. Y lo dijo en el mismo aliento en que el mundo observa el pulso con Irán: aunque Washington se mueve para impedir que un régimen islamista radical vuelva a representar una amenaza existencial, el presidente convoca una cumbre hemisférica de seguridad. Eso, por sí solo, habla. Este sábado 7 de marzo, el presidente recibirá en Miami a jefes de Estado de la región, en lo que la Casa Blanca describió como una coalición para promover “libertad, seguridad y prosperidad” y coordinar acciones contra carteles, pandillas y migración ilegal masiva. Para la República Dominicana, el dato es claro: según la Casa Blanca, la República Dominicana está entre los países invitados, junto con Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago (y se sugirió que podrían sumarse otros). No es cortesía. Es tablero. Ecuador: cuando el crimen deja de traficar y empieza a gobernar Ecuador se convirtió en el caso testigo porque cruzó una línea que muchos países niegan hasta que se vuelve irreversible: el crimen organizado dejó de ser “delincuencia” y empezó a funcionar como autoridad paralela. Control territorial, cárceles como centros de mando, puertos como autopistas logísticas, extorsión como impuesto cotidiano. Cuando eso ocurre, el Estado no enfrenta solo un mercado ilegal; enfrenta un proyecto de poder. Por eso el comunicado del Comando Sur (SOUTHCOM) marca un quiebre: confirmó que el 3 de marzo fuerzas ecuatorianas y estadounidenses lanzaron operaciones en Ecuador contra Organizaciones Terroristas Designadas. La confirmación es pública; los detalles operacionales se reservan. Y ese equilibrio —confirmar lo esencial, proteger lo táctico— suele responder a una realidad simple: se está actuando contra redes con capacidad de represalia, infiltración y corrupción. SOUTHCOM “acelerado”: de interdicción a campaña Durante años, el hemisferio escuchó el vocabulario de la interdicción: patrullajes, decomisos, cooperación, entrenamiento. Útil, sí. Pero insuficiente cuando el enemigo ya no es un contrabandista aislado, sino una empresa transnacional armada, financieramente sofisticada, diversificada (drogas, armas, minería ilegal, extorsión) y con ambición de capturar instituciones. Lo que hoy se asoma —y la Casa Blanca quiso subrayar— es un cambio de marco: narco-terrorismo y campaña conjunta. No se trata de “operativos” sueltos; se trata de presión sostenida sobre estructura: rutas, finanzas, corrupción, prisiones, puertos. Porque ese es el corazón del problema: mientras el crimen conserve dinero, impunidad y territorio, siempre habrá reemplazos. La prioridad de largo plazo: el hemisferio como frente estratégico de seguridad nacional Aquí está lo que muchos no quieren decir en voz alta: para esta administración, el hemisferio no es un tema estacional que se activa cuando hay crisis migratoria o titulares de violencia. Es una prioridad de largo plazo. Y se refleja en tres hechos difíciles de ignorar: 1. Se define el problema como estratégico, no solo policial. El lenguaje importa. Cuando una Casa Blanca habla de “narco-terroristas” en clave hemisférica, está diciendo que el crimen transnacional es una amenaza a la estabilidad democrática regional y, por extensión, a la seguridad de Estados Unidos. 2. Se institucionaliza la cooperación, no se improvisa. La convocatoria a una cumbre con múltiples jefes de Estado —en vez de acuerdos aislados— indica intención de crear una arquitectura regional: coordinación, compromisos, métricas. No es el “llámenme si hay crisis”. Es la idea de “nos vemos, nos alineamos y ejecutamos”. 3. Se sostiene la agenda hemisférica aun con crisis global. En plena tensión con Irán, Washington no “pospone” el hemisferio. Lo convoca. Esa simultaneidad envía un mensaje que la región debería leer con atención: el hemisferio occidental volvió a ser prioridad operativa y política. Por qué esto importa a la República Dominicana La República Dominicana tiene fortalezas que otros países han perdido: estabilidad relativa, institucionalidad, capacidad estatal. Pero también posee lo que el crimen organizado busca con obsesión: puertos, logística, turismo, flujo financiero y conectividad regional. Y donde esas variables existen, el crimen no toca la puerta: infiltra, compra, amenaza y corrompe. El Caribe es un sistema de vasos comunicantes: si se aprieta una ruta, surge otra; si se fortalece un puerto, el lavado intenta migrar; si una cárcel se ordena, el mando busca otro espacio. Nadie está “afuera” por decreto. Se está afuera por capacidad estatal sostenida. Lo que la República Dominicana debe exigir en Miami (7 de marzo) Si la cumbre va a ser algo más que una foto, debe producir compromisos verificables. Para la República Dominicana, el interés nacional es concreto y urgente: • Inteligencia financiera regional contra el lavado (empresas fachada, testaferros, transferencias, precursores). • Protocolo real de puertos y contenedores (datos compartidos, inspección por riesgo, trazabilidad). • Control penitenciario como prioridad hemisférica (cárceles capturadas = crimen gobernando desde adentro). • Cooperación judicial y protección a fiscales y jueces (sin justicia blindada, la fuerza se vuelve transitoria). Porque esta es la verdad incómoda: el narco moderno no solo trafica. Gobierna por corrupción. Y cuando el crimen gobierna, la democracia deja de ser un sistema de leyes y se convierte en administración del miedo. Cierre Ecuador es la advertencia. Miami —sábado 7 de marzo— será la prueba: si la coalición se convierte en arquitectura concreta o si se queda en eslogan. Y el telón de fondo —Irán en el tablero, Miami en la agenda— revela lo esencial: el hemisferio volvió a ser prioridad, no por romanticismo regional, sino por interés vital. La pregunta para nuestros países no es si el problema “llegará”. La pregunta es si llegaremos nosotros primero —con Estado, ley y cooperación— antes de que llegue el cartel con su gobierno paralelo. Nota del autor: Ronald L. Glass es un exfuncionario del Servicio Exterior de los Estados Unidos. Las opiniones aquí expresadas son estrictamente personales.