Regina Angelorum: un templo, una plaza, un callejón… ¡y un café!
No importa si el cielo está entoldado, o si luce un sol esplendoroso. La naturaleza, con su presencia de árboles, arbustos y flores, amén de la refrescante brisa que cruza a través de la plaza adoquinada, junto a la iglesia Regina Angelorum, inspiran a deambular por ella para luego, al aire libre, sentarse a tomar café. La vista se regodea con el entorno mientras uno contempla, hacia la calle Padre Billini, en un extremo, la sobria iglesia Regina Angelorum y, al otro, el Hotel Billini donde en una habitación hay un pozo colonial (protegido, pero visible a través de material transparente). Mientras, hacia el sur, la enredadera de una trinitaria, con flores rosadas, forman un hermoso arco en el paso entre la plaza y el famoso callejón de Regina. Aquí, las plantas cubren paredes o se elevan bien cuidadas desde tarros sobre el suelo, testimonio del apoyo de los vecinos para mantenerlas. Hacia este conjunto colonial de Regina Angelorum me dirijo. El conductor del taxi se las ingenia para estacionar en la calle José Reyes. Cruzo a pie la Padre Billini. Me acerco hacia un costado del Hotel Histórico Billini donde resalta una tarja en el muro del Champagne Bar. Señala que, durante casi un siglo, en dicho lugar operó el Colegio Santo Tomás de Aquino, fundado por Monseñor Meriño en 1895. Me volteo para mirar la fachada este de la iglesia Regina Angelorum, cuyo exterior es de piedra de sillería y tiene hacia la plaza un portal de tipo plateresco. Hacia el norte, en cmbio, su fachada principal, con carácter semi-militar, tiene “un aire muy renacentista”, como cita María Ugarte en “Iglesias, capillas y ermitas coloniales”. Un hombre entra con ramos de flores al templo. Tal parece que en la noche aquí se celebrará una boda. Antojada por tomar un espresso descafeinado, atravieso la plaza hacia Corner Café. Las mesas al aire libre están ocupadas por turistas. Entro al local, pero antes de sentarme recorro sus diversos espacios y miro los apetitosos croissants y otra bollería en una vitrina. “¿Y esa escalera?” pregunto. “Conduce al hotel”. Así me entero que esta cafetería es parte del Hotel Billini. “Amamos hacer el café para la ciudad que ama tomárselo”, dice un letrero también en inglés en una puerta de cristal hacia el callejón Regina, por el cual me encamino. Es peatonal, aunque permite el estacionamiento de vehículos. Al observarme tomar fotos, una joven sentada en un banco de hierro delante de la peluquería Abatte exclama: “Es el más bello callejón”. Estoy de acuerdo. En la fachada principal de la iglesia Regina Angelorum hay un nicho vacío. Cuenta la leyenda que en él había una escultura de un santo. Quedó destruida cuando un soldado haitiano invasor, antojado de la miel de una colmena que había detrás, buscó en el santo su apoyo y juntos cayeron al suelo. La estatua hecha añicos. El soldado, muerto.