Los cañones de marzo
En teoría, los errores deberían ser los mejores maestros. Si difícil es aprender de ellos en situaciones simples o dentro del ámbito de lo personal, qué no será aprender de ellos en materia de decisiones colegiadas; aquellas donde impera la razón de Estado; donde la vida y destino de un país la deciden unos pocos. Al desconocimiento histórico, agreguemos ahora la soberbia de los dirigentes llamados a tomar decisiones; la natural resistencia al cambio que opera en la mente de los operadores políticos, reticentes todo el tiempo a admitir equívocos o aceptar sus errores de cálculo. Agreguemos también ego, narcicismo, déficit de atención, necesidad de validación, y, por si fuera poco, poder militar; entonces, tendremos lista la receta para la catástrofe. Sobre “El Gran Tablero Mundial” (Brzezinski) el gran juego siempre ha sido el mismo. Sólo cambian jugadores, fechas y lugares, pero los roles se mantienen. La lucha por el poder absoluto ha sido despiadada desde el primer gran conflicto mundial que hubo en algún lugar remoto de la llanura africana –hace millones de años– por un pozo de agua o por una fruta… da igual. El conflicto de Estados Unidos/Israel contra Irán es una jugada más en el Gran Juego de conquista del Heartland (Mackinder) y el Rimland (Spykman); la concreción del designio imperial de la potencia dominante de impedir el crecimiento y expansión de la emergente. La Trampa de Tucídides (Allison) opera con precisión pasmosa, y el problema no es si habrá o no cambio de régimen en Teherán, si ocurrirá la [predecible] espiral inflacionaria, la extensión del conflicto o la alineación de bloques, etc. No. El problema real son los maletines nucleares. La grandeza del poder militar y la pequeñez de quienes están llamados a tomar las decisiones. Los políticos de hoy hacen declaraciones altisonantes, temerarias e irresponsables invocando la guerra (Medvedev, abiertamente advirtiendo sobre la III Guerra Mundial, Macron salivando frente a un submarino nuclear, o Trump y Netanyahu soñando con una blitzkrieg escatológica), ignorando que, en 1984, uno de los presidentes más belicistas de Estados Unidos –Reagan–, tuvo la entereza y honestidad intelectual de admitir que “una guerra nuclear no se puede ganar y nunca debe librarse”. Hoy, los líderes mundiales se dirigen hacia el conflicto total, como si la guerra fuera la única forma de dirimir las tensiones derivadas del agotamiento de Yalta. No es la primera vez que esto ocurre. En “Los Cañones de Agosto”, Barbara Tuchman demostró cómo en los días previos a la Primera Guerra Mundial, los políticos fueron incapaces de retroceder estando frente al abismo, prefiriendo saltar al vacío… seguro de que les nacerían alas. Si estamos viendo en tiempo real un conflicto regional o viviendo el principio de un conflicto mayor –uno mundial, total, devastador–, eso lo dirán los historiadores del futuro… Si es que queda alguien para contarlo.