10 millones de discursos
Mi inolvidable amigo Orlando Gil repetía con frecuencia que los presidentes dominicanos, cuando acuden a su rendición de cuentas anual ante las cámaras legislativas, tendrían que escribir, y pronunciar, diez millones de discursos para poder satisfacer a todos y cada uno de los ciudadanos de esta nación. El discurso del 27 de febrero pasado del presidente Luis Abinader, renueva, en cierta forma, esta apreciación que tenía Orlando. Las respuestas a un discurso del presidente, a modo de críticas desde la oposición, obedecen al ejercicio de pluralidad que brinda la democracia. El presidente Abinader hizo su discurso, reseñó lo que entendió más relevante, dijo lo que entendía debía informar y proyectó para el 2026 lo que son sus planes de ejecución de gobierno. Decepciona, sin embargo, lo pobre de la generalidad de las observaciones que se hicieron desde las tribunas de la oposición política, al discurso del pasado 27 de febrero. Me pareció que las críticas emitidas buscaban afonosamente compartir espacios en los medios de comunicación, dado el despliegue que, por lógica, ganaba el discurso presidencial. Para mí, que he escuchado, y escrito notas periodísticas y analizado casi medio centenar de discursos presidenciales de 27 de febrero, este último de hace cinco días, cumplió los parámetros de este tipo de presentación: informar a la nación de lo hecho, como se ha hecho y que se pretende hacer. Cada presidente ha desarrollado su presentación de mandato constitucional, a su manera. Con altas y bajas en la puesta en escena, de manera lineal y con emotivos fragmentos, anuncios y explicaciones, hechos y proyectos. Y Luis Abinader, ha hecho lo propio.