Primer proyecto de Tratado con Haití
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Primer proyecto de Tratado con Haití

El propio Fundador de la República dudó de la sincera intermediación del presidente de Haití

El primer intento de negociación entre la cúpula militar española y los restauradores en busca de una salida negociada de la guerra tuvo lugar bajo el primer gobierno en armas presidido por el general José Antonio Salcedo (Pepillo). Esa gestión fracasó fruto de intrigas políticas que culminaron con el derrocamiento y asesinato del presidente Salcedo por órdenes del general Gaspar Polanco.

Después de la Anexión, y también a lo largo de la guerra, Haití jugó un papel protagónico como ente mediador interesado en una pronta solución del affaire dominico-español, pues para nadie era un secreto que las autoridades haitianas consideraban amenazada su independencia por la presencia de España en la parte oriental de la isla. Temían, además, que se les reclamara la devolución de los territorios dominicanos ocupados desde tiempos de Toussaint y Dessalines: me refiero a Hincha, San Miguel, San Rafael y Las Caobas.

Transcurrido poco más de un año de hostilidades, no se atisbaba en el horizonte político una solución conveniente para las partes en conflicto, aun cuando el triunfo se inclinaba del lado dominicano. Así las cosas, el general José de la Gándara hizo un movimiento sagaz y procuró la intermediación de Haití como negociador entre dominicanos y peninsulares.

Sin embargo, en junio de 1864, el Gobierno provisorio se adelantó al plan de La Gándara y resolvió que Pedro Francisco Bonó viajara a Puerto Príncipe a fin de someter a la consideración del presidente de Haití un proyecto de Tratado de alianza para garantizar la "seguridad, conservación y porvenir de la República", al igual que de toda la isla (Emilio Rodríguez Demorizi, Actos y doctrina del Gobierno Restaurador, 1963).

Pero Geffrard obvió la iniciativa dominicana, al tiempo que remitió una contra oferta sobre la base de que el Gobierno haitiano no le reconocía al Gobierno Provisorio "ninguna calidad política ni ningún poder legítimo". Dispuso, entonces, enviar una misión a Santiago integrada por dos funcionarios, Ernesto Roumain y Decimus Doucet, con instrucciones específicas para concertar un acuerdo con las partes a fin de suspender las hostilidades y la consecuente desocupación del territorio.

La confederación dominico-haitiana concebida por Geffrard no fue más que una utopía porque —como sentenció Duarte— "entre los dominicanos y los haitianos no es posible una fusión"; y en sintonía con ese dictamen los próceres restauradores rechazaron la susodicha fórmula que, además, era una especie de caramelo envenenado.

El propio Fundador de la República dudó de la sincera intermediación del presidente de Haití, como se evidencia en su comunicación del 7 de marzo de 1865 dirigida a Teodoro Heineken, que era ministro de relaciones exteriores del gobierno restaurador (Apuntes de Rosa Duarte, 1970).

Para concluir: los ideólogos de la Restauración fueron más allá de la propuesta haitiana; propugnaron un panamericanismo a la manera de Bolívar y secundaron el proyecto de Betances, consistente en integrar una confederación antillana en la que, bajo el manto de la unión, ¡cada pueblo preservase su autonomía!

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