Sin poder y sin cuartos
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Sin poder y sin cuartos

El papel aguanta todo, incluso a quienes lo dan por muerto

Dicen que el periodismo tradicional agoniza. Que somos fósiles con teclado, veteranos con las circunvoluciones más arrugadas que una pasa al sol. Que el papel sirve mejor para otros menesteres que para suministrar noticias. Que el algoritmo nos enterró sin misa de réquiem, Hora Santa o nueve días.

Y, sin embargo...

Cuarto poder, nos llamaron. Hoy, dicen, ni tenemos poder ni cuartos. Redacciones reducidas, publicidad en fuga, clics que pagan centavos. Pero la credibilidad -esa moneda escasa- sigue cotizando en nuestras páginas y plataformas digitales, extensión de la prensa escrita que dicen difunta.

Porque entre la avalancha de fake news y la mala fe organizada que se esconde en las cloacas virtuales, alguien tiene que firmar con nombre y apellido y responder.

Nos quieren viejos, pobres y marginados. Pero mientras haya preguntas incómodas, el oficio respira. Scriptum est (escrito está), porque lo impreso comanda autoridad desde el mundo romano y la tradición jurídica europea.

¿Arrugados? Quizá.

¿Responsables? Siempre.

¿Silenciados? Nunca.

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  • Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.

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