Procrastinación y resiliencia
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Procrastinación y resiliencia

Hay palabras que de pronto se ponen de moda, tal y como si fueran producto de un virus extraño. En estos días, hay dos que brotan como hongos por todas partes.Las palabritas son: procrastinar y resiliencia. Tal y como si se tratara del famoso y mal recordado virus. Se encuentran donde quiera. Tal vez deberíamos usar mascarilla porque por lo visto son contagiosas. Procrastinar es el hábito de dejar para más tarde o, mejor dicho, aplazar voluntariamente tareas importantes, sustituyéndolas por actividades más placenteras o irrelevantes, a pesar de conocer las consecuencias negativas de tal acto. No se trata de simple pereza, sino de un mecanismo de gestión emocional, ligadas a menudo a evitar ansiedad, miedo al fracaso o aburrimiento. En pocas palabras, dejar para mañana lo que puedes hacer hoy. Ahora que está de moda la psicología, la que descaradamente le ha quitado el puesto al cura confesor, las causas de la tal procrastinación están ligadas a la baja gestión emocional, a la baja autoestima, al miedo de no hacerlo bien o al estrés que provoca la tarea. La tal palabrita se las trae. Es en resumen la pereza personificada en una excusa moderna. ¡Ay!, los tiempos en que se salía del confesonario, directo a rezar tres avemarías y un padre nuestro. Si la cosa había sido de consideración el alma se sentía purificada y se iba directo a comulgar y estar en paz con Dios, hasta el próximo resbalón. La tal procrastinación genera culpa, ansiedad, frustración y afecta el rendimiento académico y laboral. Necesita de una cita con el psicólogo, naturalmente, y sale muchísimo más caro. Al término lo han tildado de comportamiento irracional, ya que a sabiendas de que es perjudicial, se pospone la acción. Nada nuevo, lo mismo de siempre, pero con un nombre rimbombante. Veamos de qué se trata su pareja la resiliencia. Esta es la capacidad humana para asumir con flexibilidad situaciones, sobreponerse a ellas e incluso salir fortalecido de las mismas. Nada, tener sangre fría y enfrentar el peligro. La víctima de la tal resiliencia va a su cita con el psicólogo,. Tiene bonito nombre por lo menos. La víctima de la resiliencia va a su cita con el psicólogo para salir fortalecida y sin tener que rezar ninguna avemaría, eso sí, con mucho menos dinero en el bolsillo. En estos tiempos estos profesionales se han vuelto imprescindibles. Ya el consejo de la abuela paso de moda, a estas las internan en un hospicio para que no molesten.  ¡Qué le vamos a hacer, este es el mundo con las patas al revés, que nos está tocando vivir!

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