El cuchicheo
Rigoberta le dijo a Berenice que ayudara a prepararse a Hermenegilda y a Maria Eugenia primero, y luego que siguiera asistiendo a Brunilda Augusta y a las mellas, o sea en pocas palabras, a todas en la casa, a las ocho conmigo, Isidora Rafaela para servirle, para que fuéramos a una gran fiesta. Ya usted sabe, desde los tiempos de Papá Pilón, nuestro difunto padrecito, no nos decían a toditas que íbamos a salir juntas, menos aún con esa aclaración tan altamente remarcada: TODITAS DE GALA, que hay que impresionar, como dijo casi gritando Rigoberta. Para hacerle el cuento corto, ese tarde se acabó el agua en la casa, hubo que usar agua del tinaco, para evitar “juideros” de último minuto, y estar seguras, tranquilas, hermosas, de gala y muy limpias todas. Ahora bien, las cosas hay que decirlas como son, desde que avisaron que íbamos todas, ahí mismito comenzó el cuchicheo, como si tuviéramos tijeras y no lenguas, qué destreza demostramos para picar palabras, qué innata habilidad para cuchichear, santísimo, toditas arrancamos a cuchichear al mismo tiempo, que si fulano va, que si mengana te está esperando, que ojalá se cambie bien y que no salga con choperías, que si tú sabes que a esa gente les gusta que la vean mucho, que si le preparamos un trajecito a la medida pa’ seguir con el cuchicheo eterno, jajajajaja, que si eso que si lo otro, no se podía entender, mi madre, eso parecía una planta eléctrica muy potente que no se apaga nunca, era tele-tele-tele-tele-tele-tele-tele-tele-tele-tele, toditas y yo tambien, tele-tele-tele-tele-tele-tele-tele-tele-tele-tele concentradas en organizarnos y en prepararnos para asistir a esa gran fiesta de la única manera que se podía, hermosas, sin dejar ni un segundo de im-pre-sio-nar, ni de cuchichear, jajajajajajaja que así lo repitieron y lo repetí mil veces. ¿Usted ha visto alguna vez a muchas cotorras juntas? Yo estaba ahí adentro, bueno jajaja, ahí es que yo vivo. Esto era lo mismo, más impresionante aún, porque no hay que negar que somos mujeres muy bellas todas y muy grandes, y claro, mucho más grandes que las cotorras, jajajajajajaj pero igualito, cuchicheamos y cuchicheamos y cuchicheamos, una y otra y otra y otra vez, sin final, jajajajajajaj y al final llegamos a la gran fiesta, que de verdad, y no es por cuchicheo, fue grande.