Lo que nos toca de esa guerra
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Lo que nos toca de esa guerra

Quien piense que la guerra desatada el sábado en Oriente Medio solo causará daños a los países de esa región está equivocado. En un mundo donde la globalización financiera, industrial y comercial acerca todo, nadie queda lo suficientemente lejos del campo de batalla. Más allá de la destrucción de infraestructuras y la obstrucción del transporte, el daño mayor de esta confrontación con bombas y misiles recae sobre las víctimas civiles. Con el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, y el consiguiente contraataque iraní, se ha desestabilizado la región más rica en hidrocarburos del planeta. En cuestión de horas, cientos de embarcaciones cargadas de petróleo y gas natural han quedado paralizadas en el Golfo Pérsico. Esto inevitablemente provocará retrasos en los suministros y un aumento de los precios a escala global. República Dominicana, como importador neto de ambos combustibles, debe tomar nota inmediata y ajustar sus abastecimientos para mitigar posibles ciclos de escasez. Ante este sombrío panorama, tanto el gobierno como el empresariado deberían comenzar a formular planes de contingencia, pues todo indica que esta guerra apenas comienza. Se impone adoptar el ahorro de combustibles y energía como una norma natural en todos los ámbitos. De lo contrario, el país tendrá que pagar un alto precio para mantener en marcha la economía, los servicios y la vida en sociedad. Esta terrible guerra asesta, además, un duro golpe al derecho internacional, como bien señaló el secretario general de Naciones Unidas. Sustituir las negociaciones diplomáticas por misiles y bombas traza un camino peligroso para el mundo entero. Esperemos que pronto se silencien los cañones y que la humanidad no sea arrastrada hacia una barbarie moderna de consecuencias desastrosas.

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