Irán merece algo mejor
El pasado sábado 28, con la “Operación Furia Épica”, Estados Unidos (e Israel) lanzó su poder bélico contra Irán, y lo hizo sólo cuando todas las variables militares estaban controladas y desplegadas, las reuniones en Ginebra aparentaban distención y apertura, y la inteligencia (maravillosamente) ya había hecho su trabajo. Las señales habían sido dadas desde la “Operación Martillo” (junio 2025) y la subsiguiente “Guerra de los 12 Días”, pero, más que por muestras de poder militar, el discurso directo, franco –y sin edulcorantes– del presidente Donald Trump no dejaba dudas en cuanto a que, a medida que las opciones diplomáticas se acababan, sobre la mesa quedaba la opción militar, como única alternativa para lograr la verdadera opción política perseguida: el cambio de régimen. Imperios siempre ha habido; atropellos de naciones fuertes sobre débiles han existido desde los lejanos tiempos de Sumer, Egipto, Persia, Roma… y así sucesivamente, por toda la secuencia de imperios que se eslabonan a lo largo de la historia, hasta llegar al “último de la fila”: Estados Unidos. Prestos a elegir, si tenemos que decidir entre apoyar a un imperialismo que bombardea sin declaración de guerra, que atropella el derecho internacional, que vulnera la soberanía y auto determinación de las naciones –etc. –; y un régimen teocrático (literalmente teocrático) que ejerce una pantomima de democracia, que encarcela y asesina a opositores, que desconoce a la mujer como sujeto de derecho (que las asesina por no usar velo), que lapida a seres humanos por sus orientaciones sexuales, que ha hecho del terrorismo una industria de exportación, que ha desestabilizado Oriente Medio con todos sus lacayos proxis, que niega el derecho a la existencia de otro Estado (Israel) y se abroga como misión la destrucción del mismo, –etc.–, las opciones son sólo dos, y que cada quien elija el bando en que quiere estar frente a la historia. Al margen de la lucha de intereses, de la estrategia soterrada de estrangulamiento energético hacia China, de la toma de control del petróleo iraní y todas esas afirmaciones, que son ciertas; queda claro que en Irán existe una tiranía colegiada, donde gobiernan unos matones radicales; un estado articulado y sostenido en torno a la intolerancia, el odio y el terror. Si hay que tomar bando, que sea con el que encabeza Estados Unidos, que ha decidido prescindir de los subterfugios del derecho internacional y eliminar por la fuerza una amenaza a la paz y estabilidad mundial. En este choque de civilizaciones que estamos viviendo, el buenismo político es un suicido histórico… y hay que tomar partido. El pueblo iraní lleva décadas sufriendo opresión, tiranía y la vulneración de sus derechos elementales por parte de una élite religiosa, política y militar desquiciada, intolerante y asesina, que sólo merece lo que está recibiendo; porque a la libertad, a veces hay que ayudarla.