Desterrando mitos sobre el síndrome de Down
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Desterrando mitos sobre el síndrome de Down

Sin embargo, persisten mitos que dificultan la inclusión

Detenerse en la cronología de la investigación y la atención médica al síndrome de Down publicada por la Fundación Global del Síndrome de Down, ojear el libro de Jean-Étienne Dominique Esquirol sobre la demencia o entrar a las demás fuentes a las que dirige, permite entender cuán difícil ha sido desbrozar el camino hacia la inclusión de las personas con esta condición.

«Idiotas», las llamó Esquirol en 1838 y, pese a ello, fue un paso de avance respecto a la opinión de que, como todas las personas con discapacidad, eran un castigo divino al pecado de sus progenitores. «Mongoloides» —por su parecido físico con la etnia mongol— las nombró en 1886 John Langdon Down, padre de la descripción del síndrome. Que las institucionalizaran, propuso en 1946 Benjamin Spock, argumentando que «si (el bebé) simplemente existe en un nivel que difícilmente es humano, es mucho mejor para los otros niños y los padres que lo cuiden en otro lugar».

No obstante estos avances, que han ayudado a cambiar la mirada sobre las personas con esta condición, aún persisten en la cultura popular mitos y estereotipos que constituyen pequeños obstáculos —pero obstáculos al fin y al cabo— que dificultan su inclusión, que las discriminan.

En el artículo «Entendiendo el síndrome de Down: mitos, realidades y apoyo», publicado en la revista científica Prime Scholars, Robert Bush aborda varios de estos mitos que, por extendidos, son también recogidos y impugnados por numerosas organizaciones y fundaciones, públicas y privadas.

Refuta también que no puedan llevar una vida plena; la realidad demuestra que, con el apoyo adecuado, logran metas óptimas de independencia; o que presentan discapacidades graves, cuando lo cierto es que existen diferencias que van desde el retraso intelectual hasta ningún déficit cognitivo de importancia. Asimismo desmiente que tengan una afección médica: hoy no cabe duda del origen genético del síndrome. Asimismo, está demostrado que la intervención temprana optimiza el desarrollo de los infantes con esta condición.

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