Violencia intrafamiliar y salud mental
Comprendiendo que en el sistema familiar convergen diferentes actores, aunque papá y mamá son los principales las incidencias de diferentes eventos tiene un impacto diversificado que se desplaza y los permea a todos. Cuando cualquiera de los tipos de violencia se pone de manifiesto en la familia trae consigo un sin número de repercusiones, aunque no todas queden a la vista, ni sean medibles al momento. En función a diversas estadísticas de los casos reportados en las casas de acogida donde refugian a mujeres víctimas de violencia mientras se ejecutan acciones contra su agresor, se reportan altos niveles de pensiones, ansiedad, estrés postraumático, depresión y un amplio etcétera, en función a diversos factores dentro de ellos el aislamiento que conlleva el proceso y lo incierto del futuro ante la situación del momento. En el caso particular de los hombres que reportan violencia en el sistema familiar se revela que además del proceso de tener que reconocer y gestionar acciones por el agravio, también implica tensiones ante la desigualdad con que se maneja el sistema judicial ante estos casos excepcionales y el tema de el ego y sociedad machista que comprometen la dignidad masculina. Sin embargo estas dos personas rotas emocionalmente son responsables de hacer depósitos emocionales sanos en las mentes de esos hijos que hayan o no sido partícipe de dicha violencia entran en el cuadro de estas sus figuras de autoridad en estado de vulnerabilidad, lo que los expone de forma significativa a la violencia infantil desde casa y de quienes se supone representan su cuidadores y deben garantizan su seguridad. Lo que nos lleva a reflexionar sobre el principio de que para darse, hay que tenerse y en este estado es evidente que el nivel de toxicidad se estaría desplegando, sacudiendo y creando un clima poco favorable para todo el sistema. Si a todo lo antes expuesto le sumamos el manejo con poco tacto de los familiares secundarios, las presiones de grupos y sociales que supone la incorporación normal de una familia en desarrollo en una comunidad particular se confirma entonces que indistintamente de que son procesos superables y en algún punto la familia se repone, las secuelas alcanzarán generaciones venideras, por conductas aprendidas, reciclajes o analfabetos emocionales a quienes no se le prestó atención porque aparentemente no fueron los agraviados. Todo esto supone la necesidad de prestar atención al fenómeno no como una solución a la situación del momento, de personas adultas en conflictos que incluyen violencia, sino más bien un seguimiento que incluya a todos los miembros y que contribuya a cierres reales de ciclos de violencia ante síntomas evidentes o ausentes en los integrantes de sistemas familiares expuesto a algún tipo de violencia.