La rendición de cuentas en la fecha patria
El 27 de febrero de cada año los dominicanos celebramos nuestra principal fecha patria. Ese día, en 1844, los trinitarios, encabezados por Juan Pablo Duarte, proclamaron el nacimiento de la República Dominicana y lograron nuestra Independencia de la opresión haitiana que se extendió por 22 años. Para ese día también, por mandato de la Constitución de la República, está fijada la rendición de cuentas del presidente de la República ante la Asamblea Nacional. El artículo 114 de nuestra Carta Magna establece que “Es responsabilidad del Presidente de la República rendir cuentas anualmente, ante el Congreso Nacional, de la administración presupuestaria, financiera y de gestión ocurrida en el año anterior”. El artículo 128, numeral 2 literal “f” ordena al Presidente de la República “Depositar ante el Congreso Nacional, al iniciarse la primera legislatura ordinaria, el 27 de febrero de cada año, las memorias de los ministerios y rendir cuenta de su administración del año anterior”. ¿De qué se habla más el 27 de febrero de cada año? Desde la víspera y ese día toda la atención del país recae en la rendición de cuentas del presidente de la República, consignada en los citados artículos. Incluso los medios de comunicación suelen publicar notas de expectativas y análisis sobre el desempeño del mandatario en el año objeto de las cuentas, para ir preparando el escenario. Llegado el día, sus plataformas digitales están repletas de diversas notas por áreas del discurso presidencial y, en el caso de impresos, al día siguiente las ediciones son casi totalmente monotemáticas. Y vemos cada año el mismo escenario. Un presidente que pinta un país idílico, libre de problemas, con un derroche de obras ejecutadas y un futuro promisorio. Con respecto a los partidos opositores, sus reacciones son igual de predecibles: “Discurso desenfocado”, “no llenó las expectativas”, “pintó una Suiza” y otras expresiones que ya forman parte de la jerga “post rendición de cuentas”. Las redes sociales y plataformas digitales se llenan por igual de fragmentos del discurso compartidos y las diversas opiniones que provoca, con comentarios a granel a favor y en contra, ahora incluso con la novedad de los “bots” y sus juicios preelaborados. En medio del avispero por la alocución presidencial, poco se repara en la Independencia Nacional, las circunstancias que la rodearon y sobre sus gestores. Ese día debería hablarse, para solo mencionar algunos ejemplos, del fervor cristiano del patricio Juan Pablo Duarte que lo llevó a elaborar un proyecto de nación con perfil religioso. Con el lema "Dios, Patria y Libertad", la Santa Biblia en nuestro escudo, la sociedad secreta La Trinitaria en alusión a la Divina Trinidad y el juramento patriótico firmado con la sangre de sus fundadores, el cual inicia con la expresión “En nombre de la santísima, Augustísima e indivisible Trinidad de Dios Omnipotente: Juro y prometo por mi honor y mi conciencia…” El 27 de febrero podría reflexionarse también sobre el ideario dejado por el prócer Duarte. Sería etiquetado, sin dudas, como un gran influencer. Solo aprecien su reflexión sobre la búsqueda de la felicidad que tanto preocupa en un mundo viralizado: “Sed justos lo primero, si queréis ser felices”. Podríamos aprovechar ese día para informar por qué el 16 de julio es una fecha tan relevante para el país como el 27 de febrero. Ese día, en el año 1838, se fundó La Trinitaria, la sociedad secreta que permitió alcanzar el objetivo de tener nacionalidad. En lugar de centrarnos en si el jefe de Estado de turno hizo o no hizo, conoceríamos también más detalles de la vida de los nueve fundadores de La Trinitaria: Juan Pablo Duarte, Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandro Pina, Jacinto de la Concha, Félix María Ruiz, José María Serra, Benito González, Felipe Alfau y Juan Nepomuceno Ravelo. Resaltaríamos el aporte valioso de mujeres a la causa independentista. Quizás algunos estudiantes aprenderían por qué una provincia se llama María Trinidad Sánchez, en honor a la tía del prócer Sánchez, quien confeccionó junto a María Concepción Bona la primera Bandera dominicana y fue fusilada en el primer aniversario de la Independencia Nacional. Y si de rendir cuentas se trata, destacaríamos, sin que nadie lo cuestione ni dude, el informe pormenorizado de gastos que rindió Duarte, quien el 12 de abril de 1844 devolvió al Tesorero de la República 827 de 1,000 pesos fuertes que recibió de la Junta Central Gubernativa para apoyar al general Pedro Santana en la campaña militar del sur del país. En lugar de elogiar sacrificios inexistentes de políticos por la Patria, reconoceríamos a Duarte por comprometer hasta bienes familiares por la causa separatista que abrazó con pasión y entrega. Sin un discurso de rendición de cuentas como distracción, valoraríamos, además, el genio militar de Matías Ramón Mella y su célebre “Trabucazo” que comprometió a todos en un momento de indecisión en la Puerta de la Misericordia. También la respuesta de Francisco del Rosario Sánchez ante un posible cuestionamiento a su patriotismo por entrar a territorio dominicano desde Haití, con su antológica frase: "Yo soy la Bandera dominicana". En fin, hay tanto de qué hablar y debatir el 27 de febrero de cada año sobre nuestra historia, lo que somos y el futuro que soñaron los padres forjadores de la República Dominicana, pero se quedan en el olvido ante tediosas y repetitivas rendiciones de cuentas en el Congreso Nacional. Se puede corregir ese entuerto con una reforma constitucional enfocada en un noble aporte patrio y no para satisfacer un interés particular o partidario. Como somos tan proclives a imitar lo foráneo, podríamos asimilar la experiencia de Estados Unidos, con el famoso discurso del estado de la Unión en esa nación. El presidente de Estados Unidos presenta al Congreso una memoria sobre el estado del país, informando de sus ejecutorias en el año anterior y su agenda para el año en curso. Desde 1934 se presenta regularmente en enero, no el 4 de julio, Día de la Independencia estadounidense. Como país deberíamos modificar el artículo 128 de la Constitución para que esa rendición de cuentas del presidente de la República sea en una fecha fuera del Mes de la Patria, que comienza el 26 de enero, día del natalicio de Duarte, y concluye el 9 de marzo, día del nacimiento de Sánchez. Con esa reforma, cada 27 de febrero, el país estaría enfocado en recordar que debemos preservar esa Patria libre, soberana e independiente que anhelaron sus forjadores. Aunque tengamos que apelar, si es necesario, al drástico colofón del prócer Duarte: "O se hunde la isla". Especialmente en este tiempo cuando hombres "sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria".