Un columnista sin país
cultura

Un columnista sin país

Por estos días se celebró la fiesta de la Independencia Dominicana, ¡qué alegría poder habitar una nación tan similar a mi Patria! En el costado derecho de mi cubículo de trabajo tengo pegada, en un cristal una estampita de la Virgen de la Caridad con la siguiente frase: “vivo en otro país, pero a Cuba la llevo en el corazón”. La migración es una de las montañas que me ha tocado subir desde hace tres años. Un escritor cubano que coordina la sección Ventana dijo una verdad que aprecio mucho: “El dominicano es alguien que siempre tiene abierto el corazón”. No en balde la cultura popular ha logrado acuñar la frase de que en República Dominicana hasta pidiendo se come, y no es un refrán que busca banalizar el hambre, al contrario, se trata de una idea que ejemplifica la generosidad de las personas de esta nación de Duarte, Sánchez y Mella. Por estos días leí un artículo de la escritora Wendy Guerra que retomaba la idea de Eliseo Alberto Diego de que los escritores cubanos, cuando migran, se convierten en autores sin país. Agregaría, los columnistas también. Uno de los desafíos de escribir en este periódico es pensar quién me lee. En Cuba, tuve la suerte de escribir para uno de los medios impresos más queridos del ámbito católico, Vida Cristiana. Gracias a mi trabajo en la secretaría de la Pastoral Juvenil Ignaciana y mi vida desde que nací en la Iglesia, conocía bien mis lectores. Acá, no conozco tanto para quién escribo. Agradezco mucho a esta sección Ventana del Listín que me ha permitido seguir llegando al público que me seguía y hacer nuevos lectores. En este espacio puedo seguir expresando ideas y conversando con la sociedad. Nunca me olvidaré de Cuba. Quisiera que la vida fuera mejor para mi pueblo. No pensé escribir desde otra realidad. Autores como Martín Caparrós afirman que la literatura también es una especie de Patria. De ser así, deseo tocar la puerta con mi intelecto para ver si sus ciudadanos me permiten habitarla. Lo grandioso de las letras es poder convertir lo singular en universal. Soy un columnista sin país, pero me arriesgo con fe a mirar por esta Ventana y desde cada palabra tecleo la esperanza de poder ser leído por alguien. A los que me leen y a la lectura le debo el placer infinito de querer seguir comunicando.   

← Volver a noticias