Raspando gargantas y rascando oídos: viajes sensoriales
salud

Raspando gargantas y rascando oídos: viajes sensoriales

En República Dominicana, las prácticas tradicionales de limpieza de oídos revelan una fascinante intersección entre higiene popular y cotidianidad.  Antes de la llegada masiva de productos industriales, las personas recurrían a métodos ingeniosos y caseros, transmitidos oralmente a través de generaciones.  Estas costumbres no solo atendían necesidades prácticas, sino que también evocaban sensaciones placenteras, casi rituales, en un contexto donde la medicina moderna era limitada. Una práctica común era el “rascado de garganta con dedo”. Al entrar en una casa o espacio social, algunos dominicanos emitían un sonido gutural rasposo, similar a un carraspeo exagerado, mientras introducían el dedo índice de la mano derecha en el oído derecho.  Este gesto, descrito como “horrible” por su ruido estridente, servía para limpiar cerumen acumulado. Se creía que la vibración producida por el sonido aflojaba la suciedad, facilitando su extracción.  Era un acto casi cómico, que rompía el hielo en reuniones familiares o vecinales, reforzando lazos comunitarios con humor. Otra variante involucraba plumas de aves, como las de gallina o gallo. Los mayores mojaban la pluma en saliva, considerada un limpiador natural antibacteriano en la tradición popular, y la insertaban delicadamente en el oído.  La flexibilidad de la pluma permitía alcanzar profundidades sin dañar el tímpano, generando un “gustico” placentero: una cosquilla intensa que inducía éxtasis sensorial.  Como me relató el antropólogo Jonathan De Oleo, que un familiar cerraba los ojos, se transportaba “lejos” en un trance de satisfacción, y guardaba la pluma seca en una zapatera para reutilizarla.  Esta reutilización reflejaba la economía doméstica rural, donde nada se desperdiciaba. Alternativamente, se usaban pinchos de metal para el cabello o un palito de fósforo. Estos implementos caseros eran accesibles, pero arriesgados, pudiendo causar irritaciones o lesiones. La llegada de los hisopos importados o fabricados localmente marcó un giro. Introducidos por farmacias y supermercados, ofrecían higiene estandarizada y desechable, reduciendo infecciones.  Sin embargo, persiste el debate: muchos abuelos añoran el “placer ancestral”, mientras generaciones jóvenes prefieren la practicidad moderna.  Estas prácticas ilustran la resiliencia del folklore dominicano, donde lo corporal se entrelaza con lo social.  Hoy, campañas de salud desaconsejan introducir objetos en el oído para evitar daños, promoviendo soluciones como gotas. No obstante, evocan un pasado sensorialmente rico, preservado en narrativas orales que enriquecen la identidad cultural.

← Volver a noticias