La audacia de gobernar el futuro
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La audacia de gobernar el futuro

La fuerza transformadora de la Inteligencia Artificial está reescribiendo los códigos del desarrollo. Las naciones que prosperarán en las próximas décadas no serán aquellas con mayores recursos naturales, sino las que logren insertarse en las nuevas redes del conocimiento y la tecnología. El presidente Luis Abinader lo ha entendido así al presentar ayer, en su rendición de cuentas, los cimientos de la Estrategia Nacional 2036. Se trata de una hoja de ruta que aspira a convertir al pais en un “hub” tecnológico y de comercio regional, apostando todo a las palancas de la automatización, la digitalización y la eficiencia. Durante décadas, nuestra geografía fue vista como un lugar de paso, un punto neutral entre dos Américas. Pero los acuerdos con Google —que traerán el primer Puerto Internacional de Intercambio Digital de América Latina y cables submarinos que nos conectarán con Estados Unidos—, junto a la alianza con NVIDIA para crear un Centro de Excelencia en IA, nos convierten en un nodo neurálgico de las autopistas digitales del hemisferio. Pero ningún hub funciona sin talento. El salto que propone el 2036 no es solo infraestructural, sino cognitivo. Si el siglo XX nos enseñó a competir con sol y playa, el siglo XXI nos exige competir con cerebro y algoritmos Llevar un puerto espacial comercial a Oviedo, Pedernales, con más de 600 millones de dólares de inversión de LOD Holdings, es el antídoto más radical contra el centralismo. La economía espacial, la más avanzada de todas, tendrá un pedazo de su futuro en el suroeste profundo. Mientras la IA y los semiconductores miran al cielo y a los datos, el turismo sostenible actúa como el ancla que mantiene los pies en la tierra. Ser el “hub” turístico subregional es un privilegio tangible. Visto en toda su plenitud, el discurso del Presidente Abinader ayer fue la declaración de principios de un país que ha decidido mutar de espectador de la historia a guionista de la misma. Porque cambiar el chip de un modelo en declive para conectarnos a las claves de la próxima generación no es una opción: es el único camino posible. Y ya no hay vuelta atrás.

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