La vida en tiempos de IA
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La vida en tiempos de IA

Ustedes recuerdan cuando la vida consistía en estudiar, trabajar, salir con los amigos, sentarse con la familia a comer o ver televisión; esos tiempos donde al mediodía todo se paralizaba y los colmados hasta cerraban; quedar de juntarse con alguien, hablar por teléfono por horas, hacer la tarea era pasarse horas en la biblioteca buscando entre variopintos libros para sacarles fotocopia cuando ese libro lo permitía o simplemente escribir a mano. Pues esos tiempos quedaron en el pasado, porque seremos maduritos, pero jóvenes aún. Los avances tecnológicos son imparables; las redes sociales significaron un cambio en la forma de ver y promover la vida, donde mucha gente cree que todo lo que se publica en ellas es la vida tal cual, y que lo que no se plasma ahí sencillamente no existe. Vamos a lo más reciente: el desarrollo de la Inteligencia Artificial, una especie de monstruo de varias cabezas, capaz de introducirse en nuestra mente, cambiar nuestra forma de trabajar, pensar, socializar, consultar y hasta relacionarnos. Estas capacidades cognitivas que se encuentran a un solo clic de distancia han llegado para demostrar que, a pesar de que esta fue desarrollada por el hombre, evidencia las falencias de nosotros, los seres humanos. Nos venden que la IA será la aliada del desarrollo y la vida laboral en corto plazo; todo el que no aprenda a manejarla será desplazado a un tercer plano y que debemos empezar a coexistir los unos con los otros y los otros con los unos. Paradójicamente, el uso cotidiano que se le da a esta inteligencia deja en demasía las carencias de esa inteligencia del simple mortal. Recientemente salió la información de que la mayoría de los estudiantes utilizan la IA para la realización de sus tareas. Yo puedo asumir que casi en su totalidad lo hacen y, ojo, no es malo que se apoyen en esta herramienta para obtener resultados más rápido. El problema es el discernimiento de saber que el resultado que nos ofrece el asistente virtual no necesariamente es el correcto, que es imprescindible el cruce de ideas y fuentes, y es ahí donde los conocimientos del individuo quedan al desnudo. Tenemos una sociedad donde hace años tiene la posibilidad de contar con un celular inteligente y, en muchos casos, la única inteligencia es la que ofrece el móvil. Con decenas de aplicaciones al alcance de sus manos, con la posibilidad de tener un mundo de sapiencias, pero se resisten y huyen como el diablo a la cruz. Celulares de miles de dólares, las últimas versiones de dos empresas tecnológicas que controlan más de la mitad del mercado; una sociedad hambrienta de consumismo, pero tan crédula de lo que le ofrecen que no investiga lo que compra, por qué y para qué necesita tener la última versión de un teléfono cuando solo le interesan las redes para seguir vidas de personas que no le importan, ver novelas coreanas, seguir cuentas de comida y ver cuánto programa no le aporta nada. Ahora tienen la IA integrada a los móviles y aun así no se interesan en aprender nada; no quieren usarla para ampliar los conocimientos en las áreas en que se desarrollan. No quieren apoyarse en ella para deslumbrar en la vida; simplemente usarla para realizar una tarea, resolver un proyecto, organizar un calendario de redes y volver a la rutina del día a día. Otros han creído que la IA es un psicólogo que va a resolver sus temas de salud mental y con la que ellos juran que les funciona. Mientras que algunos más osados han reemplazado las relaciones personales y de intimidad con una persona por el afecto que la IA les ofrece (aunque usted no lo crea); muchos entienden que esta les trata mejor de que una pareja. Sí, la IA llegó para quedarse, para simplificar tareas, crear proyectos, dar continuidad a labores que antes nos tomaban todo el día; todo eso es perfecto. Pero, de igual modo, entiendo que la IA nos ha dejado al descubierto las fallas de una sociedad que, teniendo todo a disposición de un clic, no está preparada ni suelta para sacarle el mayor beneficio a lo que esta nos brinda y que, según expertos, solo estamos iniciando en este mundo artificial de la vida real.

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