La canción Penélope
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La canción Penélope

Apreciado lector, es prácticamente seguro que al usted ver ese título haya pensado que este artículo tendrá un enfoque farandulero, y aunque ese es un razonamiento adecuado, la finalidad no es esa, sino exponer de manera somera un tema emparentado con los delirios. Penélope es una canción escrita por Joan Manuel Serrat y musicalizada por Augusto Algueró. Fue estrenada en 1969, en el 1V festival internacional de la canción popular de Río de Janeiro. El tema musical tuvo como inspiración la mitología griega, y sus letras tratan de establecer un vínculo con similitudes del famosísimo poema épico de Homero “La odisea”. En el referido poema, Homero relata de manera magistral que Odiseo -conocido también como Ulises- es el Rey de Itaca, esposo de Penélope. Por circunstancias de la época, Ulises tuvo que partir a la guerra Troyana. Y antes de hacerlo le promete que regresará pronto a su amada esposa Penélope, con quien había procreado a su hijo Telémaco. Por esa razón ella no debería sentirse triste. Sin embargo, pasaron veinte años hasta que Ulises pudo regresar, la tardanza no fue por falta de amor, sino por muchas circunstancias y hechos imprevistos relacionados con la guerra Troyana. Y con el salvajismo de esa época. Precisamente al ser una época salvaje, prácticamente todos los hombres solteros cortejaban sin ningún rubor a Penélope, e incluso le decían que, como ya habían pasado varios años, era prácticamente seguro que Ulises había muerto. Como los pretendientes eran muchos, entonces Penélope hizo saber que se casaría con uno de ellos cuando terminase de tejer un sudario para su suegro Laertes. Sin embargo, ella tejía en el día y de noche destejía. Esa conducta de destejer podría ser considerada por usted como psicótica. Pero por cosas parecidas dice San Agustín en su libro “Confesiones”, que toda conducta por más irracional que parezca, siempre tendrá una motivación que debemos tratar de conocer, antes de opinar de manera superficial. Así que en el caso de Penélope, su conducta era ingeniosa, debido a que le servía para ganar tiempo y aguardar fielmente por la llegada de su amado esposo, sin permitir que sus salvajes pretendientes cometiesen un hecho deleznable. Por muchas circunstancias difíciles, Ulises tardó veinte años para regresar, aunque el famoso cantante argentino Carlos Gardel, quien también duró veinte años hasta poder regresar a la patria amada, nos dice en su tango titulado “Volver” que veinte años no es nada. Cuando Ulises logró por fin regresar donde su amada y fiel esposa Penélope, esta de inicio no lo reconoció por los cambios físicos ocurridos en él. Afortunadamente Ulises fue comprensivo, y con mucha paciencia y ternura, comenzó a contarle detalles que solo ellos dos conocían. Esos relatos la hicieron reaccionar de manera alegre, haciendo que cayese "el velo de sus ojos y su cerebro". A las alturas de este relato, ya usted puede percibir sin que le quede ninguna duda razonable, que a partir de esos momentos memorables comenzó a hacerse realidad la famosa expresión atribuida al escritor español Saturnino Calleja (1853-1915): "Y vivieron para siempre felices...comiendo perdices". Sin desear ser calificado como aguafiestas, lamentablemente le avanzamos que la otra historia de Penélope de Serrat no tiene un final feliz, como el que acabamos de ver. Recuerde que esa canción inicia así: “Penélope, con su bolso de piel marrón, sus zapatos de tacón y su vestido de domingo”. Eso visto de manera superficial podría parecer trivial, pero en realidad no lo es porque su metamensaje es más o menos el siguiente: Penelope no es una esquizofrénica, sino una mujer enamorada, que sale bien vestida y se siente orgullosa de sí misma. Y que el bolso sea de piel marrón, envía la señal de mujer recatada, elegante, hermosa, atractiva y apetecible...pero que solo tiene interés por su hombre, al cual espera en la parada del tren. En realidad Penélope estaba vestida, más o menos parecida a como describe la Biblia a una mujer elegante, ataviada de lino y púrpura, zapatos caros y joyas preciosas (Proverbios 31:22). La canción nos dice que al igual que Ulises le aseguró a Penélope que regresaría pronto, el amante de ella en la canción de Serrat también le asegura que volvería. De Ulises sabemos que estaba combatiendo en las guerras Troyanas, pero del amante de esta Penélope no sabemos dónde estaba, ni lo que hacía. La descripción de Serrat nos cuenta que haciendo "investigaciones" en el pueblo de Penélope, los lugareños aseguraban “Que se paró su reloj infantil, una tarde plomiza de abril” = a una tarde nublada, grisácea, melancólica. Que eso ocurrió cuando se fue su amante. Y es muy importante aclarar que ese "se paró de su reloj infantil ", no se refiere a los relojes comerciales que usamos, sino a su reloj afectivo. Es por eso que todos hemos escuchado alguna vez en películas, novelas, o en nuestra cotidianidad, la expresión: "Para ella o él el tiempo se detuvo en ese momento". Y eso es algo más o menos parecido a lo que el extraordinario escritor Franz Kafka (1833-1924) nos narra en su inigualable novela “El Proceso”. Veamos: "Alguien debió calumniar a Josef K.; porque sin haber hecho nada malo una mañana fue detenido". Ese "detenido ", no es sinónimo de ser apresado por policías y fiscales, sino que al igual que ocurre con muchísimas personas, sienten que a partir de un determinado momento ocurre, como si fuesen informados por "autoridades" de la sociedad, de que no podrán ser felices y espontáneos, sino que solo tendrán derecho a vivir una vida monótona, aburrida, rutinaria, continuando como Josef K. acudiendo fielmente a su trabajo en una oficina bancaria, y haciendo todo lo que le interesa a la soledad, menos ser feliz. En el caso de Penélope, su reloj afectivo se detuvo. Y para ella solo existía la posibilidad de que todo volviese a la "normalidad", si se hacía realidad que su amante regresara. Lo anterior podría parecer muy bonito, romántico y hasta sublime. Sin embargo, al igual que suele suceder en muchas ocasiones en nuestra vida cotidiana, la dura realidad es más fuerte que nuestros buenos deseos. Y por eso las cosas no ocurrieron como en las novelas románticas. Eso explica que el amante de Penélope regresase, y al igual que Ulises, hizo todos los esfuerzos para que ella reaccionara y lo reconociera, pero todos sus fueron inútiles. Y lo anterior nos hace recordar una expresión muy popular entre nuestros campesinos: "Ahí fue que la puerca torció el rabo". Porque para que usted pueda entender por qué la Penélope de La Odisea pudo después de un ligero esfuerzo reconocer a su marido Ulises, mientras la de Serrat por más esfuerzos que se hicieron no pudo hacerlo, tendremos que hablarle de lo deliroide. Para explicarlo con palabras sencillas, deliroide es aquello que está cercano al delirio, pero no es tal. En el libro del maestro de la psiquiatría española Don Alonso Fernández titulado “Fundamentos de la psiquiatría actual “, tomo 1, encontramos una descripción de Dietrich de 1962, que relata lo siguiente: "Una mujer paranoide que tomaba por desconocidos a su marido y sus hijos, atribuyéndoles la identidad de sus respectivos hermanos gemelos. Se negaba a tener relaciones íntimas con el marido, porque no está claro sí es su marido, o su hermano gemelo". Le hemos transcrito lo anterior por dos motivos: 1. Porque en ese relato, hay un no reconocimiento, como ocurre con Penélope. 2. Porque quien esto escribe ha tenido la suerte de manejar casos parecidos al descrito por Dietrich. El último que manejamos fue en 2023, en una pareja de profesionales de la comunicación social. Al igual que en el caso de Dietrich, ella creía que su pareja no era su marido, sino que era un hermano mellizo de él -no gemelo- y en nuestro caso a diferencia del de Dietrich, ella sí reconocía a su pequeño hijo. Estos casos no deben ser tratados con antidepresivos, ansiolíticos, ni psicoterapia, sino con medicamentos neurolépticos clasificados como incisivos, como son las flufenazina decanoato inyectable, vía intramuscular. En mi caso, ella se recuperó completamente y está ejerciendo su profesión, y además para rendir "los chelitos" también labora como docente gracias al programa de inglés por inmersión que verdaderamente ha sacado de la pobreza extrema a muchas personas. Esta pareja, al igual que Ulises y Penélope “están muy felices y comiendo perdices". Conclusión: No solo esperamos y deseamos que usted valore las enseñanzas que nos deja la canción Penélope, sino también que los cuadros deliroides son reactivos o secundarios a un conflicto afectivo, como son las separaciones de cualquier tipo: amorosas, muerte de un familiar o de un amigo (a). Además, por lo que se denomina "exilio económico " por ruinas imprevistas y por otras causas afectivas. Así que esperamos que aunque usted sea sacerdote, pastor, familiar o amigo, por favor no use palabras banales. Lo único que logran es abrir más las "heridas afectivas", y podrían llevar a la persona afectada, no a un suicidio directo, sino a un suicidio indirecto, manejando a altas velocidades de manera imprudente, o a un suicidio moral, usando diferentes tipos de drogas. Así que, para que usted no sea un homicida indirecto, lo mejor que puede hacer es guardar un silencio respetuoso. El autor es psiquiatra y general retirado del Ejército

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