Asumiendo el compromiso de ser mejores personas
Todo momento de la vida tiene aquellos instantes en que sientes mucha agitación, como si fueran tormentas que caen en tu vida, que poco a poco se convierten en huracanes. A medida que pasan los días, te vas sintiendo un poco cansado y sin ánimos de continuar; es como observar tu casa cuando pasa una situación de peligrosidad, pero de ahí que tenemos que recomponer mentalmente la senda que queremos reconstruir. Es como prometernos ser mejores de lo que estamos aprendiendo en el momento que suceden las cosas que nos pasan. Recuerdo que de niño siempre imaginaba las cosas y cuando no salían como las quería sentía enojo y deseos de hacer una rabieta a mí mismo, de igual forma nos sentimos cuando las cosas no salen como deseáramos, en el fondo somos esos niños deseando atención de aquellos que representan alguna idea de familiaridad. Si lo ves es lo mismo, sólo que los roles han cambiado de muchas formas, ahora ya no habitas en un cuerpo de un niño, sino que ya tienes una edad y un cuerpo diferente, pero tu “yo” interior sigue siendo el mismo aunque el tiempo haya cambiado. Las tormentas muchas veces arrecian muy a pesar de que las dinámicas de la vida cambien con el tiempo; a veces llegas a sentir como si las cosas en lugar de llegar a un punto de equilibrio, llegaran más a un punto de desventaja y de dolor, y es ahí cuando las personas tienden a desesperarse y ven todo con ojos negativos, se estacionan en medio de la tormenta y se sienten llenos de incertidumbre. Recuerdo cuando atravesaba tiempos como esos, encontré un amigo que me dijo que debía cambiar de perspectiva con respecto a la situación: “Que en lugar de sentirme rabioso por la forma como las cosas pasaban, que empezara a dar gracias por el todo que significaba, que a lo mejor era el preámbulo de algo mejor, y que tomara la lección particular y asumiera una actitud de agradecimiento en lugar de desconsuelo y de autoflagelación que vivía en aquellos días". Finalmente, las cosas salieron mejor cuando por fin pude cambiar mi actitud con respecto a aquellas tormentas que caían sin cesar sobre mi existencia. Asumí todas aquellas cosas que debía y me dejé sumergir en aquel basto mundo interior que inicia cuando aceptas que eres el único que tiene responsabilidad para que esa tormenta finalmente pase de tu camino.