Forjadores de la patria desde lo local
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Forjadores de la patria desde lo local

Los Padres de la Patria fueron arquitectos de una nación. Diseñaron, soñaron y defendieron los cimientos de la República Dominicana. Hoy, en cada provincia, existen constructores silenciosos que levantan estructuras distintas: programas educativos, proyectos culturales, iniciativas sociales y económicas. No construyen un país desde cero, pero sí fortalecen sus columnas desde lo local. No levantan banderas en campos de batalla ni proclaman independencias, pero sí cultivan progreso. En San Juan de la Maguana, San José de Ocoa y La Vega, tres líderes de generaciones y trayectorias distintas comparten una misma convicción: el desarrollo verdadero no se impone, se construye junto a la gente. Sus historias son ejemplo de cómo el compromiso, cuando se arraiga en la identidad provincial, puede convertirse en legado. A sus 29 años, Julio José Ferreras De Lima encarna una figura poco común: la del profesional joven que, aun proyectándose en el ámbito nacional, mantiene un arraigo firme con su provincia. Nació y creció en San Juan de la Maguana, y aunque se trasladó a la capital para estudiar Medicina, su vínculo con su pueblo nunca se diluyó. Desde niño mostró inquietudes que iban más allá del aula. Participaba en actividades deportivas, culturales y académicas con una energía que ya anticipaba liderazgo. El punto de inflexión llegó durante su participación en el Programa Modelo de las Naciones Unidas del Ministerio de Educación. Allí no solo aprendió oratoria y negociación; entendió la dimensión de los problemas sociales y el rol que podía asumir desde lo local. Su activismo tomó forma a través de la educación y la conciencia ciudadana. Durante más de diez años organizó talleres del Modelo de Naciones Unidas en escuelas de San Juan y Elías Piña, sembrando en cientos de jóvenes la semilla del pensamiento crítico. Impartió charlas sobre liderazgo, empoderamiento juvenil y Objetivos de Desarrollo Sostenible, convencido de que la formación es la herramienta más poderosa para transformar realidades. Sin embargo, uno de los ejes más firmes de su trabajo ha sido la defensa medioambiental. San Juan ha avanzado en acceso a la educación superior, tecnificación agrícola y crecimiento del ecoturismo. Pero también enfrenta una amenaza que ha generado amplio debate: la posible explotación minera en la cabecera del río San Juan y la presa de Sabaneta. Como miembro fundador del Movimiento Defensores del Valle, Ferreras fue parte de la articulación social que organizó la primera gran marcha multisectorial contra la explotación minera en la provincia. Aquella movilización, recuerda, no fue solo una protesta: fue una demostración de madurez cívica, integración y conciencia colectiva. Paralelamente, ha participado en proyectos de construcción y remozamiento de viviendas en comunidades vulnerables, jornadas de reforestación y actividades solidarias con niños y jóvenes, tanto desde organizaciones sociales como desde iniciativas propias. Ha recibido múltiples reconocimientos por su labor académica y comunitaria, entre ellos distinciones estudiantiles y sociales que validan su compromiso. Pero cuando habla de liderazgo, lo hace con humildad: para él, el verdadero éxito es colectivo y se mide en la capacidad de inspirar a otros a asumir responsabilidades. A diez años, imagina una San Juan fortalecida en educación, con mayor acceso a oportunidades para la juventud, un sistema de salud más humano y una economía que no comprometa sus recursos naturales. Aspira a dejar como legado una generación consciente, crítica y comprometida con el desarrollo sostenible de su provincia. Hablar de desarrollo comunitario en San José de Ocoa es, inevitablemente, mencionar a María Ramona Rodríguez Peña, conocida por todos como Mercedes. A sus 74 años, su voz transmite serenidad, pero también determinación. Nació en Santiago, pero lleva 48 años viviendo en Ocoa, tierra que adoptó como propia y donde ha sembrado décadas de trabajo comunitario. Su vocación surgió temprano. A los 20 años sintió que servir no era una actividad circunstancial, sino el eje de su vida. Con esa convicción fundó la Dominican Noble Foundation, desde donde ha impulsado proyectos en 15 comunidades rurales. Las obras físicas —viviendas dignas, acueductos comunitarios, canchas deportivas, centros comunales e iglesias— son visibles y tangibles. Pero lo que distingue su gestión es el modelo organizativo que las sustenta. Cada proyecto implica la creación de brigadas comunitarias que asumen la responsabilidad no solo de construir, sino de mantener las infraestructuras de manera permanente. Ese modelo ha generado un cambio cultural profundo: las comunidades dejan de verse como receptoras pasivas de ayuda y pasan a convertirse en protagonistas. La sostenibilidad no se limita al plano económico; se convierte en compromiso social. Mercedes reconoce que San José de Ocoa ha experimentado avances en infraestructura, agricultura y ecoturismo. Sin embargo, también identifica desafíos estructurales: diversificación de empleos, capacitación técnica, gestión eficiente del agua y ampliación de oportunidades educativas. Para ella, el desarrollo integral requiere planificación, organización y participación constante. A lo largo de su trayectoria ha recibido múltiples reconocimientos nacionales e internacionales por su impacto social y liderazgo femenino. Cada uno, afirma, es un recordatorio de la responsabilidad que conlleva servir. Cuando habla de legado, no menciona cifras ni cantidad de obras. Habla de comunidades empoderadas, de líderes locales formados, de jóvenes que comprenden que el progreso no se hereda: se construye colectivamente. En La Vega, donde la identidad cultural late con fuerza, Malaleel Lamech Santos ha hecho del arte su herramienta de transformación social. Productor de televisión, gestor cultural y promotor del movimiento carnavalero, se define ante todo como vegano de nacimiento y de corazón. Su vínculo con los Salesianos marcó su formación. Desde pequeño comprendió el valor del servicio y encontró en el teatro una vía para impactar comunidades vulnerables. El arte, entendió, no es solo espectáculo: es formación, disciplina y construcción de ciudadanía. Desde la Casa de la Cultura de La Vega, con respaldo municipal, lideró la reactivación de la Academia de Música para jóvenes de escasos recursos, inactiva durante décadas. El modelo implementado elimina barreras económicas al facilitar instrumentos en calidad de préstamo, permitiendo que el talento no quede condicionado por la falta de recursos. Además, ha fortalecido talleres literarios, de artesanía y artes plásticas; organizado jornadas artísticas en distintos sectores; y gestionado apoyo para jóvenes que buscan continuar estudios dentro y fuera del país. Su trabajo combina gestión institucional y compromiso personal. Reconoce que La Vega ha crecido, pero considera que el desarrollo podría acelerarse con mayor articulación entre sectores públicos, culturales y comunitarios. Sueña con una red provincial donde cada barrio cuente con un espacio para la formación artística y donde el arte funcione como herramienta de prevención social. Ha recibido reconocimientos de agrupaciones carnavalescas y de la Unión Carnavalesca Vegana por su impulso al carnaval, una de las expresiones culturales más emblemáticas de la identidad vegana. Sin embargo, insiste en no asumirse como líder. Prefiere verse como un puente: alguien que recibió oportunidades y ahora trabaja para multiplicarlas. Su visión a diez años es clara: una provincia donde el arte esté presente en cada sector, articulado con educación y comunidad, formando jóvenes sensibles, críticos y comprometidos con su entorno.

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