¡Libres y soberanos!
Mañana los dominicanos y demás residentes en República Dominicana arribamos al 182 aniversario de aquel 27 de febrero que un grupo de ciudadanos españoles enarbolaron el coraje de sacudirse de la opresión haitiana que desde 1822 había instaurado su tutelaje de esta parte oriental de la isla de la cual ellos eran ocupantes de una porción de 27 mil y tantos kilómetros cuadrados del occidente isleño. . Fue una decisión de extrema desesperación apoyada en las enseñanzas del principal ideólogo de esa decisión soberana de vivir libremente sin el vasallaje de una nación de exesclavos que se habían separado de Francia en 1804 para formar la primera nación negra del continente americano y procurando ampliar su dominio al resto de la isla que lucía abandonada por su ex amo español empeñado en otros conflictos territoriales en Europa.. El germen de la rebelión de quienes serían los dominicanos se vio reforzada por los empeños de un joven idealista que llegado de Europa inició su intensa labor de adoctrinamiento a un grupo de jóvenes residentes en la capital de la colonia. Juan Pablo Duarte no descansó en sus empeños de sembrar la idea de la soberanía a sus jóvenes seguidores y el 18 de julio de 1838 se conformó la sociedad secreta La Trinitaria que sería la base de la separación y expulsión posterior de los haitianos del territorio de oriente de la isla bajo el control de los componentes de la primera nación negra del continente. . Después de seis años de adoctrinamiento y procurando cada vez integrar mas jóvenes dominicanos españoles a esos esfuerzos separatistas que culminaron en la noche del 27 de febrero de 1844 cuando en la puerta de la Misericordia se estremeció la noche con el célebre trabucazo de Mella que enardeció los ánimos y en los días siguientes se produjo la capitulación de las autoridades haitianas a un grupo muy heterogéneo de patriotas que lograron que los haitianos abandonaran la plaza y partieran hacia occidente para reagruparse y preparar sus oleadas de invasiones que pretendía aplastar a los rebeldes y hacerlos desistir a los habitantes del oriente de la isla de su entusiasmo por separarse de una población extraña a las tradiciones de la población que habían estado apabullando por 22 años. . La idea de nación había calado en la mente de los trinitarios que habían asimilado los ideales duartianos para tener un país libre sin una presencia extraña en todos los aspectos de un salvajismo que lo manifestaban de cómo oprimían a la colonia española de la cual ellos pretendían recuperar y hacer de la isla una e indivisible. Fue la ocasión para los incipientes dominicanos exhibir un coraje que se puso de manifiesto el 19 de marzo en la sabana de Azua y en la colinas de Santiago el día 30 de marzo y dejar establecido un patrón de lucha que culminaría en 1855.. Los intentos haitianos de recuperar el lado oriental de la isla no tuvieron descanso pese a las continuas derrotas que sufrían sus huestes frente a lo aguerrido de una población ya liberada acoplaba fuerzas para enfrentar a un enemigo superior pero mermado por las disidencias internas de sus dirigentes mientras los independientes dominicanos en aguerridas acciones que no cejaban para aplastar a un enemigo supuestamente superior por lo organizado de su ejército y con sus atávicas creencias no permitirían que unas improvisadas tropas los aplastaran en las contiendas que escenificaron.