Balas y armas de alta traición
No constituye ninguna sorpresa, pero sí una alarmante y dolorosa confirmación, la noticia que acaba de salir a la luz pública sobre el trasiego de armas y municiones dominicanas encontradas en manos de los grupos armados y las bandas criminales que desangran a Haití. El afán de lucro desmedido de ciertos jefes y miembros de los estamentos militares ha sido, históricamente, una verdad a voces en nuestra sociedad. Aunque se intente discutir este tema a medias tintas en los pasillos del poder, denota la inmensa peligrosidad que esta corrupción representa para la soberanía dominicana.
Al parecer, la seguridad del Estado se encuentra comprometida desde adentro, patrocinada por malos dominicanos que actúan como auténticos traidores a la patria en detrimento de la paz colectiva.
Ante el revuelo internacional, el Ministerio de Defensa (MIDE) busca explicaciones desesperadas y en vano.
La institución afirmó textualmente que «la coincidencia de calibres, marcas o características con material adquirido legalmente por la República Dominicana no demuestra, por sí sola, que existiera una transferencia autorizada por las instituciones militares».
Esa retórica burocrática y evasiva no se la cree nadie; es un insulto a la inteligencia del pueblo dominicano.
La ciudadanía ya no se come el desgastado cuento de que los altos mandos ignoran el destino de los pertrechos que deben custodiar bajo estricta seguridad.
El aspecto más preocupante de esta situación es que la denuncia no proviene de un rumor local, sino de un informe oficial del Grupo de Expertos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Este organismo de indiscutible credibilidad internacional ha puesto en un severo apuro y bajo el escrutinio mundial a las fuerzas militares y policiales de la República Dominicana.
El informe establece con absoluta claridad que organizaciones criminales de alta peligrosidad, como la temida banda 400 Mawozo, han utilizado de manera recurrente municiones destinadas originalmente al Ejército y la Policía Nacional dominicana.
Entre los hallazgos más alarmantes se citan cartuchos de alto calibre .50, capaces de derribar aeronaves y perforar blindajes, cuyo origen el ministerio alega desconocer.
En un comunicado oficial, las autoridades militares atribuyeron las dificultades para reconstruir el recorrido exacto de este material bélico a su supuesta antigua fabricación, al tiempo transcurrido y a los complejos procesos institucionales que ha experimentado el país.
El Ministerio de Defensa ha solicitado tácitamente un voto de confianza y un plazo para concluir las pesquisas.
Sin embargo, esta respuesta es percibida como la misma táctica dilatoria de siempre, una cortina de humo para ganar tiempo mientras el escándalo se enfría en la memoria de la opinión pública.
El contrabando en la zona fronteriza es un secreto a voces; todos saben del negocio escurridizo que militares corruptos mantienen con actores del vecino país.
Como un intento de justificar que actúan con firmeza frente al desvío de armamento, el MIDE recordó un incidente ocurrido en diciembre de 2025. En esa fecha, miembros del Ejército detuvieron en la sección La Tinaja, provincia de San Juan, a un segundo teniente de su propia institución junto a un ciudadano haitiano.
Ambos transportaban de forma totalmente irregular un cargamento de 1,516 cartuchos de diferentes calibres ocultos en una motocicleta. Si bien el oficial fue sometido a la justicia y cumple medida de coerción bajo prisión preventiva, este hecho no debe presentarse como un logro aislado, sino como una prueba irrefutable y vergonzosa de la descomposición interna que carcome las estructuras encargadas de velar por nuestras fronteras.
El Ministerio de Defensa asegura mantener una comunicación permanente con el Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX) para responder a los requerimientos del Consejo de Seguridad de la ONU.
Sostienen que no han permanecido indiferentes ante esta grave crisis y que suministran información continua sobre los controles de adquisición y distribución de pertrechos.
No obstante, la realidad fronteriza desmiente cualquier intento de pulcritud institucional.
Es imperativo condenar enérgicamente estas acciones ilícitas.
Alimentar con balas dominicanas el arsenal de las bandas que aterrorizan a Haití no solo es un crimen internacional, sino un acto de alta traición que desestabiliza a toda la región y pone en riesgo nuestra propia integridad territorial.
Las autoridades civiles y judiciales deben desmantelar de inmediato estas mafias incrustadas en los cuarteles, aplicando las sanciones más severas de la ley a todo aquel que comercie con la seguridad de la nación.
Por Manuel Antonio Vega