Cuatro años de guerra
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Cuatro años de guerra

Hace cuatro años exactos que Rusia comenzó la “Operación Militar Especial” contra Ucrania, en la cual, no sólo quedó demostrado que Kiev no podría ser tomada tan fácilmente, y lo que prometía ser un paseo, se convirtió en una guerra de desgaste clásica. O quizás, no tan clásica. Y es que en las llanuras ucranianas no sólo quedó cuestionada la supuesta “superioridad” militar del ejército ruso, sino también toda la doctrina militar convencional vigente desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque en teoría la superioridad rusa debería de haberse impuesto a los pocos días, en la práctica, ha sido un matadero sin sentido donde luego de cuatro años, las ganancias territoriales han sido pírricas y ninguno de los objetivos estratégicos han sido logrados. Ver la guerra y su estatus actual desde una lógica reduccionista –en donde rusos pelean contra ucranianos– es simplista. En los hechos, Putin pelea contra toda la OTAN, y, aunque no ha logrado la victoria, tampoco ha sido derrotado por la totalidad de sus adversarios. Lo de la razón moral de la guerra es discutible. Desde una lógica imperial –sobre la base de zonas de influencia–, Rusia lleva algo de razón. Desde el Estado de derecho y el respeto a la soberanía y autodeterminación de las naciones, Ucrania lleva toda la razón… y le sobra. El imperialismo ruso quiere imponerse por la razón o la fuerza, inspirado quizás en la misma lógica de la OTAN, que le impulsa a meterse en patio ajeno. Las cosas como son, aunque duelan. Hoy la guerra cumple 1,462 días, algo más que los 1,418 días que Rusia duró combatiendo durante la Segunda Guerra Mundial, y los 1,318 días de la primera (que conste que, en ambos casos, su existencia sí estuvo comprometida, y no fue Rusia quien declaró la guerra); o, lo que es lo mismo, que este ha sido un conflicto innecesariamente largo y doloroso. Cientos de miles han muerto y millones se han visto afectados. La economía ucraniana está en el suelo y la rusa se resiente cada día, a punta de sanciones. La guerra se ha convertido en una pesadilla donde el desgaste es la norma y la irracionalidad es la regla. Hoy día, la llave que abre la puerta de la paz la tiene el presidente Trump… y la está usando. En un escenario de resistencia, Rusia lleva las de ganar, aún luchando contra la OTAN. Trump, más que la paz, busca lograr un acuerdo honorable sobre bases que garanticen sostenibilidad y durabilidad a los compromisos asumidos; algo que no se deshaga en incumplimientos a los pocos meses. Hoy no hay nada que celebrar, si acaso, la heroica resistencia del pueblo ucraniano, aún a sabiendas de que ha sido carne de cañón de los poderes imperiales de Occidente… por no decir que la otra opción era serlo de Oriente.

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