Los idos de marzo
Marzo es un mes aburrido, según mi filósofa de múltiples oficios. La verdad es que no hay quien se pueda aburrir con un ser cuyas ocurrencias pudieran sorprender al mismo Tesla. Según ella, en marzo no se puede hacer nada. Hay que observar los cuarenta días de recogimiento previos a Semana Santa. Yo le propuse que rezáramos el rosario cada nochecita, pero ella me contestó que eso lo hacía ella todas las noches y que los ángeles se encargaban de terminarlo si ella se dormía. Ante esa respuesta, no supe qué decir. Viéndola con cara mustia y el aburrimiento retratado en sus grandes ojos, le propuse que fuéramos de tiendas o, como dicen los gringos: “Window shopping”. Es decir, ir a mirar las vidrieras de los establecimientos situados en un centro comercial. Tampoco le gustó la idea; me reprobó diciéndome que eso era para antojarse de algo imposible de comprar. Finalmente, se me ocurrió proponerle una lectura de las estrellas con su astrólogo favorito. Los ojos se le iluminaron y el semblante le cambió por completo. Yo había dado en el blanco. Armada de su celular, obsequio de uno de mis hijos, se comunicó con su amigo y luego duró dos horas convocando adeptos por WhatsApp. Las maravillas de la tecnología, ¡hasta son capaces de eliminar el hastío!