El trabajo: eslabón de una vida digna
Dignidad, no conformismo, el llamado a recuperar la cultura del esfuerzo
La construcción de una vida digna requiere propósitos y la voluntad de alcanzarlos, aunque sea un camino largo que debe recorrerse paso a paso. Por eso, para los aspirantes de una vida dignacada nuevo día debe comenzar entendiendo la necesidad de construir un proyecto de vida que mínimamente abarque las tres preguntas básicas: Que quiero ser?, Como voy a lograrlo? y, Cuando se estima que puedo alcanzarlo?. Indudable que esto no será posible si tenemos preferencia por el “almuerzo gratis”. La construcción de una vida digna requiere de una actitud positiva frente a la necesidad del trabajo duro; además de disciplina, sacrificio, consistencia, preparación y dedicación. Al final, el propósito fundamental debe ser que cada día seamos útiles en la construcción de un proyecto de vida y, con ello, parte del progreso colectivo. Por esta vía no solo surge el éxito, sino que también nacen héroes.
Siempre he creído que un día vivido con propósitos no será oscuro para las personas que poseen estas condiciones; ellos son capaces de ver en la sombra del temprano amanecer una oportunidad para descubrir la luz que forma ilusiones; que transmite energía positiva y que forja la esperanza de que, al inicio de su jornada, serán capaces de aportar, desde muy temprano, las pequeñas piedras para construir su propia montaña o para plantar un árbol cuyos frutos y su sombra, podría alimentar o cobijar a algún quejoso o inconforme que se acomodara bajo su amparo.
Cada nuevo día representa una oportunidad. No es simplemente el inicio de una jornada más, sino la posibilidad de aportar algo, por pequeño que sea, a la construcción de nuestro proyecto de vida y al progreso colectivo. Quien actúa en esta dirección es porque entiende que el trabajo no es una carga, sino un instrumento de dignificación personal y transformación social, es decir, es porque asume que el trabajo siempre será una herramienta para la superación y la diferencia entre quienes avanzan y quienes se estancan. De seguro que en este último renglón estarán los que eligieron no entender que el trabajo es la frontera que separa la dignidad del conformismo.