Cuando los artistas piensen como una marca…
Ustedes, en su mayoría, saben que soy periodista y que incursioné en las relaciones públicas por casualidad (pero esa es otra historia). Para todo el que ha cumplido ambos roles, les resulta interesante porque puede visualizar las cosas de modo diferente en cada área. Como periodista, que he tenido la oportunidad de probar el néctar de una redacción periodística, recuerdo cuando tenía que hacer una nota, reportaje o crónica; una de las cosas más difíciles de trabajar era conseguir una foto de un artista dominicano, por poner el caso más simple. Sin contar una pequeña biografía o hasta algo tan obvio como el nombre de pila de una persona. Detalles que parecieran normales costaban mucho. Estamos hablando de que eso sucedió hace casi 20 años, cuando ya el internet facilitaba la búsqueda; se pudiera pensar que, con el avance de la tecnología y la IA, esto ha cambiado y es más sencillo. Debo desmitificar eso: es peor. Resulta que ahora, de este lado de la acera, como relacionista público o gestor de medios, o como usted quiera bautizarlo, seguimos con el mismo tema y real calvario. Señores, cuando un cliente del área de entretenimiento llega donde uno, luego de que ya se ha acordado el trabajo, lo que se quiere proyectar y lo que vamos a gestionar, llega el momento más difícil: conseguir una foto que pueda ser útil para el medio impreso o digital. Sí, podemos entender que un joven artista o talento que se inicia en los albores de una carrera, que no tiene un manual de construcción, es complejo. Sin embargo, es bueno que se dejen asesorar cuando llegan donde personas con cierto criterio y conocimiento de cómo debe fraguarse un producto desde cero. En ese sentido, se pueden dejar pasar estos detalles para un imberbe que da sus primeros pasos; lo que no se justifica es con artistas y profesionales de cierta data en los rieles del entretenimiento, posicionados entre flashes, escenarios y público que los enaltece. Introduzca una grosería y continúe leyendo —listo—. ¿Cómo es posible, estimados lectores, que a esta altura del juego haya artistas de cierta popularidad y que usted trate de buscar una imagen para acompañar una nota y no haya una simple foto profesional y/o actual en internet? Fue entonces que, haciendo un pequeño ejercicio profesional, me di cuenta de algo: el único problema no es la imagen; en muchos casos no existe una biografía decente de su figura, un número de contacto o un simple usuario en redes. Es como si fueran unos fantasmas digitales: existen en la vida real y gozan de fortunas millonarias, en muchos casos, pero no les interesa ser, verse y ofrecerse como marca. Existen pocos casos de artistas locales que se manejen de manera tan profesional, disponiendo de una oficina que opere su agenda, una página que contenga todo lo que las personas buscan: su historia, su música, su discografía y fotos profesionales; en fin, todo lo que pueda ser de interés para cualquier persona y que esté disponible en un simple clic. He tenido la oportunidad de poder trabajar perfiles y biografías de artistas nacionales e internacionales, y es increíble lo fácil e interesante que resulta realizar ese tipo de trabajos. Es momento de que los del patio se pongan las pilas, porque no es solo salir a hacer fiestas y generar dinero; es bueno y necesario, pero lo que nos diferencia de los demás es cómo el público o el cliente puede vernos. Ofrecer esa milla extra hace la diferencia y nos ahorraría mucho trabajo, tanto a los medios como al gestor de prensa. Inviertan un poco en su imagen, en su huella digital y en su producto. El trabajo va más allá de un media tour, una gira, una canción o un disco; es un portafolio que destaca, comunica y vende. Simples detalles que hacen la diferencia.