La cuestión
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La cuestión

Lleva más de una semana ahí. Cada vez que he subido a la azotea, me detengo a verlo por unos minutos. Cada mañana de esta última semana en que he abierto la ventana detrás de mi cama, me quedo observando por unos instantes su casi petrificada forma de estar ahí, bajo el sol, olvidado por alguien, dejado allí por descuido u olvido. Durante el día, en estos días, mientras lidio con el apuro de tener quehaceres y trabajos a tiempo; de apurar a un adolescente a hacer lo que debe (tiene, necesita) hacer; de pensar cuál libro quisiera leer recorriendo los no leídos de mi librero; de hundirme en el sofá; de ver televisión; de pensar versos que no escribo; de espantar cierta nostalgia; de dar vueltas en el apartamento; de perder el tiempo viendo el móvil; de agotar un capítulo de la serie que veo o de atender pendientes, he vuelto a pensar en él. Así que he vuelto usualmente a la ventana de la habitación y lo veo otra vez. Batido por el aire. Antes de sentarme a escribir estas líneas lo hice por última vez. Sigue allí. *** ¿Qué somos? Seres humanos, sí. Miles de millones. Con millones que nacen y mueren cada día. ¿Qué somos entre esos dos extremos? Algunos tienen un aliento demasiado corto para pensar en que fueron más allá de lo que fueron para otros. Otros tienen tanto tiempo para ser, que parecen ya olvidados en los días en que les queda, quizás, sentarse en un balcón o una galería a ver el tiempo pasar mientras recuerdan, mientras olvidan. Mientras esperan el fin de la espera. Y están los demás: los productivos, los que vamos y venimos, los que hacen cosas o a quienes las cosas los hacen, los de los pendientes, las crisis, el quehacer, el deshacer. *** ¿Qué somos? Niños que golpean a un profesor. No están claras las razones. ¿Fueron agredidos primero? Leo comentarios sobre el hecho. Algunos recalcan que “el profesor es extranjero”, “las escuelas están llenas de profesores haitianos”. Observo la imagen del profesor: bien vestido, con la cara ensangrentada, habla con voz baja, explica lo que le pasó. Veo un video en que una hermana o tía —no recuerdo— de uno de los niños habla casi gritando, con gestos intensos, sobre alguna “mala manera” del profesor agredido. ¿Cuáles serán esas malas maneras? El cuerpo de una joven de 22 años es encontrado con signos de violencia en una cisterna. Hay tres apresados. Dicen que se negó a tener una relación sentimental con uno de ellos y que esa fue su condena. Llamó a su madre cuando esos hombres llegaron a su casa. La pensaban secuestrada. Me quedo observando la foto de una foto en la que Reynalda sonríe, con un vestido largo, con una banda cruzada en su pecho, siendo coronada por otra mujer que parece ser su madre. Decenas de presos políticos salen de cárceles en Venezuela. Hay amnistía. Aún no se sabe dónde están. ¿Siguen vivos? Familiares de esos presos y presas mantienen vigilias, caminan de un lado a otro. Buscan. Hay reencuentros. Hay lágrimas. Hay ausencias. Leo una publicación de un colega en Facebook: “Mientras Cuba resiste la bestial agresión de Estados Unidos, Venezuela cede en sus principios”. Me pregunto: ¿cuáles principios? Veo dos capítulos de una serie y me siento culpable. John Kennedy y Caroline Bessette. Era adolescente, pero recuerdo las noticias alrededor de ellos. Un hombre bien parecido, hijo de un presidente asesinado, mil veces fotografiado, perseguido por los medios de información, hijo de “una monarquía” política y social. Ella, una chica normal que terminó casada con él. En esa serie televisiva se ficciona todo lo que no fue diseccionado por los medios. Miradas, palabras, besos, abrazos, reclamos, ausencias, lágrimas, gestos, acciones… ficción sobre dos personas que en vida fueron acosadas, que murieron juntas en un accidente aéreo. Ella nunca dio una entrevista; de hecho, no recuerdo haber escuchado alguna vez su voz, pero ahora la veo desde la ficción que otros apuntan para su vida. ¿Me interesa esto? ¿Por qué me interesa? ¿Habrá descanso para ellos? ¿Habrá descanso para la madre de Caroline, para su familia, que ve ahora a una actriz simular ser su hija, a quien ellos conocieron y amaron? Ellos tuvieron a la única Caroline que existió. Nosotros, los que vemos la serie, consumimos a la Caroline reimaginada, rehecha, probablemente una negación de ella misma. *** ¿Qué somos? Recuerdo a una de mis tías, a las que les dicen "políticas" pero que yo le digo madre, acunar a su hija de diez años —mi prima— que agonizaba por un cáncer. Recién entraba en mis veintes. No entendía la dimensión de lo que observaba; quizás aun hoy no la entiendo del todo. Recuerdo abrazar a mi hijo recién nacido. Recuerdo observar a otras madres hacer lo mismo. Habían pasado doce años desde la muerte de mi prima. No entendía la dimensión de lo que abrazaba, de lo que observaba; quizás hoy no la entiendo del todo. Una de mis películas favoritas es Love Actually. Tiene historias muy cuestionables sobre el amor a la luz de lo que podemos vivir en nuestras realidades. Pero la veo porque me reconforta observar las posibilidades del amor, de los lazos, de la vida, aunque sea desde la ficción. También la veo por dos escenas: la inicial y la final. Es un aeropuerto en que la gente se reencuentra y se despide. Sé lo que se siente; he estado en aeropuertos en que me reencuentro y me despido. Sé que la dimensión de eso se siente luego del abrazo de despedida o de bienvenida, no durante. *** ¿Qué somos? Alguna vez lo pensé, alguna vez lo escribí. Alguna vez lo olvido. Hay hechos. Hay matices. Hay complejidad. Hay esfuerzos por comprender. Hay cansancio al tratar de comprender. Hay una necesidad de dejar de comprender, por un momento, para no sucumbir. Hay necesidad de volver al esfuerzo de comprender, para no sucumbir. No hay forma de que todo te duela, no hay forma de que todo te alegre. No hay manera de comprender todo. No hay forma de ignorar todo. *** Abrí la ventana de mi habitación hace unas horas; estaba amaneciendo. Allí está el pantalón. Sigue ahí. Caminé a la cocina. Preparé la greca. Mientras esperaba que la cafetera empezara su característico ruido de presión liberada, tomé el móvil. Viendo publicaciones en Instagram me encontré con un video corto, musicalizado con una canción de The Beatles, escrita por Paul McCartney: Hey Jude. ¿Conocen la canción? Tiene una historia detrás, pero los detalles se los dejo para que los investiguen ustedes. Aquí les dejo la letra (la traducción es libre. Puede corregir lo que entienda que deba ser corregido). Oye, Jude, no te pongas mal (Hey, Jude, don't make it bad) Toma una canción triste y hazla mejor (Take a sad song and make it better) Recuerda dejarla entrar en tu corazón (Remember to let her into your heart) Entonces podrás empezar a mejorarla (Then you can start to make it better) Oye, Jude, no tengas miedo (Hey, Jude, don't be afraid) Naciste para ir a conquistarla (You were made to go out and get her) En el momento que te permitas sentirla (The minute you let her under your skin) Entonces comenzarás a mejorarla (Then you begin to make it better) Y siempre que sientas el dolor (And anytime you feel the pain) Oye, Jude, tómalo con calma (Hey, Jude, refrain) No lleves el mundo sobre tus hombros (Don't carry the world upon your shoulders) Sabes muy bien que eso es una tontería (For well you know that it's a fool) El que actúa como si nada (Who plays it cool) Por hacer su mundo un poco más frío (By making his world a little colder) Oye, Jude, no me defraudes (Hey, Jude, don't let me down) La encontraste, ahora ve y conquístala (You have found her, now go and get her) Recuerda dejarla entrar en tu corazón (Remember to let her into your heart) Entonces podrás empezar a mejorarla (Then you can start to make it better) Así que déjalo salir y déjalo entrar (So let it out and let it in) Oye, Jude, empieza (Hey, Jude, begin) Estás esperando alguien para lograr cosas (You're waiting for someone to perform with) ¿Y no sabes que ese alguien es nadie más que tú? (And don't you know that is just you?) Oye, Jude, vas a lograrlo (Hey, Jude, you'll do) El movimiento que necesitas está sobre tus hombros (The movement you need is on your shoulder) Oye, Jude, no te pongas mal (Hey, Jude, don't make it bad) Toma una canción triste y hazla mejor (Take a sad song and make it better) Recuerda dejarla entrar en tu corazón (Remember to let her under your skin) Entonces podrás empezar a mejorarla (Then you'll begin to make it better) Mejorar, mejorar, mejorar, mejorar, mejorar, oh, sí (Better, better, better, better, better, oh, yeah) 

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