La gran compra con ojos
cultura

La gran compra con ojos

-La fiesta fue muy buena, espectacular, qué música tan buena, cuánta gente de uno gozando, fue espléndida diría yo, de eso no hay la menor duda. Pregúntele a cualquiera, eso no tuvo mamasita. Estaba sentado frente al comandante en una silla del destacamento de policía e iba cubierto completamente con fundas negras de plástico de supermercado, como si fuese una gran compra de supermercado con ojos que hablara. Fue la forma en que lo cubrieron para interrogarlo en el destacamento de policía. -Ahora bien -prosiguió hablando la gran compra con ojos- cuando comenzaron los alaridos, no me pregunte más nada, porque yo no estaba ahí, ¿usted me entiende? Ese no era yo. El comandante le gritó: -Pero a usted hubo que ponerle esas fundas pa’ cubrirlo, y dicen los policías que lo trajeron que tuvieron que amarrarlo en pelota de un palo con soga, como a cualquier bestia, para que no siguiera corriendo hacia la salida de la playita de agua nueva. Dicen los que lo atajaron que lo más difícil fue lograr que se callara, que solamente repetía “la mar, la mar, la mar”. -Ese no era yo -respondió abruptamente la funda con ojos, y luego dijo con más calma- si usted me entiende, ese definitivamente no era yo comandante. Mire, yo andaba muy bien vestido de gala para la ocasión, planchadito, como pocas veces en mi vida, con una camisa muy brillante, bella, elegantísima, que todo el que me veía se moría de envidia, una camisa azul como hecha de olas del mar, lindísima, una obra de arte que le robé a mi hermana de Nueva York, una percha de lujo, de esas que pocas veces uno se pone en esta vida, y un pantalón rosado, que no es por privar, pero que no es cualquiera que se los pone y les quedan tan bien como a un servidor, que tenían feeling como dicen los gringos al estilo de los cantantes, y a mí me quedaban que ni mandados a hacer, pa que lo sepa… y está bien que yo bebí en serio y de relajo también, como yo siempre lo hago, pero yo no soy hombre de encuerarme alante de tanta gente, porque eso si, era un reguero de gente que estaba gozando en esa fiesta, era una gran fiesta. No parecía de gente de por aquí. Así deben ser las fiestas de Nueva York. Después me dicen dizque que yo voceaba “la mar, la mar, la mar” y yo le voy a decir a usted, ese no era yo comandante, yo le tengo miedo al agua, así como usted me ve, yo ni me baño mucho en mi propia casa, y ahora voy a meterme al mar corriendo y disque gritando. -No ombe -le repito mil veces si hace falta comandante -ese, no era yo.

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