No other choice (1 de 2)
cultura

No other choice (1 de 2)

La novela “Le couperet” (The Ax) del escritor norteamerico Donald E. Westlake (Nueva York- 1933-México-2008) ha navegado con fortuna en el mundo del cine. Primero, Konstantino Costa Gavras la llevó a la gran pantalla bajo el título de “Arcadia”, obra que según el crítico de cine Javier Ocaña, del diario español El País, constituye “una obsesiva, a menudo hiriente, pero casi siempre sarcástica peripecia criminal que toma del cine negro sus claves”. Diecisiete años después, el maestro Park Chang-woo ( “Old boy” , 2003 y “La doncella”, 2916) retoma el libro para su filme “No other choise”, con profundos cambios formales. Ha dicho que el libro lo deslumbró. Y no conocía la versión de Costa Gavras hasta iniciado el rodaje. El coreano mezcla la comedia negra con el drama, pero a diferencia del director griego, le introduce una tecnología que por aquel entonces no estaba en manos de nadie para aplicarla al cine. Me refiero a su estilo, balanceada cinematografía, al decorado, ambientación, maquillaje, efectos visuales, dirección de actores, pirotecnia, banda sonora y demás elementos claves que convierten cualquier versión literaria en punto de referencia estético para futuras generaciones de cineastas. Algunos lectores resaltan la denuncia social que se desprende de este tipo de decisión empresarial que, por cierto, no es nueva. En la versión coreana, la novela se reinventa y su politización noquea. No critico ese matiz. Es un hecho que también se acepta, pero con otras aristas porque la decisión de fusión de empresas solo proviene de empresarios privados con mente en sus bolsillos. Esta realidad se repite hoy no solo en Corea, sino donde la tecnología se renueva y la sobreproducción lascera al empleado. Esto lo ha alertado el compatriota de Park, Bung Chul-han para entender el suceso laboral que exprime a las sociedades de hoy. El empleado debe abandonar su rol para insertarse en categoría de desempleado con una sonrisa. El mundo del crimen continúa dentro de la exitosa cnematografía de Park Estamos frente a una película que recrea una ficción criminal de humor negro con ribetes de drama. Pero siempre existe otra opción menos trágica que se puede asumir ante su despido de una gran empresa que decide prescindir de sus servicios, aunque se maquille la gravedad de los hechos que vemos en pantalla. El protagonista no es un asesino profesional. Solo alguien desesperado o resentido actúa así. El odio solo engendra odio. En “No other choice”, su final contiene una moraleja innecesaria que implica una realidad que tampoco es nueva. El cine y la literatura están para mentir, para soñar y para evitar denuncias. Y lo hacen con orgullo. Hay que admirar una obra de arte con personalidad propia. Y auténtica

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