El oro, ese metal tan soñado
Dos amigos conversan sobre el oro con una copa de vino californiano, recomendado por otro amigo que vive en California cerca de Sutter´s Mills
"Podríamos citar a Tennyson en caso de que sea necesario", me dijo alguien agarrando una cerveza en la mano.
Le dije: "No es necesario, pero sí quiero que leas este editorial del New York Times". Miraba por una ventana, hacia el sur.
"La economía es lo importante", le dije. Acto seguido, me presentó unas copas de cristal, listas para ser llenadas con el vino de Napa. El amigo había dicho que el vino que había comprado en el súper era el mismito que había dicho algún amigo en común. Le dije que sí, que ese era el vino necesario, uno californiano de mucha venta, lo que no es lo mismo que decir que era el que más se vendía en el supermercado.
Me dijo, mirándome fijamente: "Este vino es el que necesitamos ahora". Luego, aclaró: "Los vinos californianos tienen una larga historia".
Le dije, mirándolo fijamente a los ojos: "Me han llegado a las manos unos videos de Instagram donde se ve a gente sacando oro como si se tratara de la fiebre californiana entre 1848 y 1855". Me dijo: "esa historia ya ha sido contada". "Lo mejor será que me expliques la ontología enológica y después hablamos".
El testimonio está ahí: "No era cierto que los indios conocieran todo el misterio del oro, como tampoco lo conocieron los de tierra firme". "Se había pensado que estábamos en el mundo del oro de Cipango. Las nuevas riquezas eran algo que nos mantenía agazapados. Suertudos fueron los españoles que se fueron a España cargados del oro del Perú, digamos".
"En esa película sale el momento exacto en que llegan a México los que acompañaban a Cortés". "La película está bien trazada", dice. Me dice acto seguido: "Pero lo que tenemos que hacer es entender el oro de algunos investigadores norteamericanos". "Ellos han encontrado la manera de explicar el mundo con la riqueza". "Ahora se trata de una industria del conocimiento, nada que ver con ese commodity entre los minerales".
"No es cierto", le digo. "Bueno, ese es un tema para un largo rato", me dijo agarrando la copa de vino. "Sírveme un poco más", dijo.
El dato de la cantidad de oro sacada por los españoles es el que hay que dar. La economía actual te lo agradecerá, dijo. El vino estaba en su punto.
Es cierto que podemos escribir un tratado sobre el vino, pero también sobre el oro, me dice. Acto seguido, se pone de pie. Mira hacia el sur, ese sur que tanto vio Borges y que está en la canción de Charly García que habla sobre el Karma de vivir al sur, tierra donde todo puede ocurrir; nada que ver con la horrible región del noroeste de la que hablaba Rómulo Gallegos para referirse a ciertos sitios venezolanos.
Me dice, finalmente: "Podemos citar a Jefferson, sobre todo en relación con lo que hay que hacer para mantener una sociedad cohesionada". Remata con la siguiente frase, parecida a la que sale en la canción de Litto Nebbia: "Dicen que viajando se fortalece el corazón, porque te anima a pensar en el lugar que dejaste atrás". Le digo: "Una persona que haya encontrado oro en un río importante no olvidará ese sitio". Me dice: "corroboro".
"Ahora, sírveme un poco más". Santo Domingo despierta, por aquí por donde Ovando cruzaba.
El autor es mercadólogo, escritor y melómano nacido en 1974.