América Latina ante su nueva fragamnetanción
Estados Unidos insiste en aplicar una versión remozada de la Doctrina Monroe, esta vez no con marines desembarcando en puertos caribeños, sino con presiones arancelarias y amenazas militares. Sin embargo, el efecto está siendo exactamente el contrario al que Washington pretende: el fortalecimiento del BRICS y el avance de alternativas al dólar como moneda de referencia global.. La economía estadounidense arrastra tensiones estructurales que ya no pueden ocultarse. Su déficit fiscal es insostenible, la confianza internacional se erosiona y la desvinculación del dólar respecto al oro —sumada al agotamiento de las reservas metálicas— ha alimentado la percepción de que la moneda estadounidense es, en términos estrictos, inorgánica. El ciclo de los petrodólares, que durante décadas sostuvo su hegemonía, muestra signos inequívocos de agotamiento.. En este contexto, la política exterior del presidente Donald Trump, enmarcada en su lema “Make America Great Again”, ha recurrido a instrumentos de presión que recuerdan la vieja diplomacia del garrote. Aranceles punitivos, amenazas militares y exigencias unilaterales han tensado las relaciones con aliados tradicionales del hemisferio occidental.. Los episodios son numerosos y reveladores: México: amenazas para forzar concesiones en seguridad y migración. Canadá: presiones comerciales. Colombia: advertencias sobre restricciones de visas y medidas arancelarias. Brasil: aranceles acompañados de acusaciones políticas. Otros aliados afectados: Reino Unido, Japón y Corea del Sur.. Estas acciones, percibidas como inconsistentes y motivadas por intereses políticos internos, han generado incertidumbre y debilitado la confianza en el liderazgo estadounidense. Pero, además, han acelerado un fenómeno inesperado: el desplazamiento de espacios tradicionales de influencia, como la Organización de Estados Americanos (OEA), frente al avance de mecanismos alternativos como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que agrupa a 33 países de la región sin la presencia de Estados Unidos ni Canadá.. Paralelamente, el BRICS —una alianza de economías emergentes que busca equilibrar el poder global— ha ganado atractivo entre países que desean diversificar sus relaciones financieras y comerciales. Su impulso hacia sistemas de pago alternativos y monedas respaldadas por recursos estratégicos se presenta como una opción frente a la volatilidad del dólar, una moneda fiduciaria que ha perdido la confianza que alguna vez inspiró.. Las presiones arancelarias, las tensiones diplomáticas, el déficit fiscal y el avance de bloques alternativos configuran un escenario en el que Estados Unidos corre el riesgo de que más países reconsideren su dependencia del dólar. La expansión del BRICS y el fortalecimiento de la CELAC, sería una gran alternativa a una política exterior percibida como coercitiva y a una economía que ya no ofrece las garantías de antaño.. Quizá el mayor error de Washington no sea su déficit fiscal ni su diplomacia del garrote, sino su incapacidad para leer el tablero que él mismo está empujando hacia el abismo. Mientras Trump insiste en imponer aranceles como si fueran sermones morales, el mundo —ese mismo mundo que antes obedecía sin chistar— ahora empieza a mirar hacia otros rumbos, hacia monedas respaldadas por recursos reales y alianzas que no vienen acompañadas de ultimátums.. Por eso, Trump ha invitado a varios países de América Latina —Argentina, Paraguay, Bolivia, El Salvador, Ecuador y Honduras— para advertirles que no se unan a los BRICS, a China o a Rusia, bajo amenaza del garrote arancelario. Nuestro país no figura en la lista de invitados; Perú podría ser incluido.. Washington debe recordar que las hegemonías no se derrumban por conspiraciones externas, sino por errores internos. Pero para ese momento, como suele ocurrir en la historia, ya será demasiado tarde. Si algo ha demostrado este siglo es que ninguna moneda es eterna, especialmente cuando su mayor enemigo es quien la imprime.