Hay esperanzas
En una economía que necesita inversiones para crecer, para innovar, para producir riqueza, una reforma convencional haría mucho daño en las circunstancias actuales. La incertidumbre de la retórica tributaria oficial se despeja; hay esperanzas
Es cierto que todavía continúan discursos de políticas de corto plazo. Es decir, las exposiciones que se enfocan en soluciones de corto plazo para estimular el PIB. Por ejemplo, aumentar el gasto público. Sin embargo, el gasto público es una decisión política, no económica. Es diferente a cuando los individuos ponen en riesgo su capital a partir de las valoraciones esperadas de los consumidores. Esto último es lo que hacen los emprendedores a diario para generar desarrollo, para crear riqueza.
El gasto público puede aumentar la cifra del PIB, pero destruir riqueza. Porque la realidad es que los países se desarrollan por la inversión que proviene del ahorro. De esa inversión, surgen bienes que satisfacen necesidades y aumentan la riqueza de las personas y, por tanto, del conjunto de la sociedad.
En línea con lo último, por razones políticas recientes, u otras, la reforma tributaria cada vez se ve más lejos. Como las economías crecen por medio del ahorro transformado en inversiones, castigar a hogares y empresas por medio de un incremento en las tasas impositivas para, por vía de consecuencia, tratar de aumentar los impuestos recaudados, resultaría en un efecto contractivo; una austeridad no deseada. Las inversiones serían impactadas, también el consumo. Los impuestos se pagan con ahorro o recursos que pudieron convertirse en ahorro.
En una economía que necesita inversiones para crecer, para innovar, para producir riqueza, una reforma convencional haría mucho daño en las circunstancias actuales. La incertidumbre de la retórica tributaria oficial se despeja; hay esperanzas.
Reformas para el crecimiento; política monetaria para la estabilidad; y política fiscal que ayude a esa estabilidad y no continúe con el delicado camino de endeudamiento, son pilares para un crecimiento sano y sostenible.
Necesitamos ser más competitivos. Un clima de negocios que atraiga innovación por medio de inversión sería un elemento fundamental. La reforma madre en la actualidad sería una revisión del sistema tributario que tanto penaliza a los inversionistas. Más del 67 % de las jurisdicciones del mundo tienen tasas de impuestos a las empresas más bajas que la República Dominicana. Con la alta carga tributaria de la que se quejan los emprendedores en diferentes encuestas, no nos vamos a acercar al futuro deseado.
Con la complejidad para cumplir con las obligaciones tributarias, será más difícil atraer procesos productivos que nos acerquen a la complejidad industrial que genera mayor valor agregado y, por tanto, ingresos promedios superiores para los habitantes del país.
En resumen, es preciso reducir costos de transacción y facilitar grandes inversiones en procesos productivos. Surgen esperanzas cuando se ponen sobre la mesa las muy postergadas reformas estructurales.
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