Crecer en un mundo desglobalizado
Segunda parte En el artículo anterior expliqué cómo el crecimiento económico moderno ha estado estrechamente vinculado a la apertura comercial. No fue casualidad que las economías que más prosperaron en los últimos 70 años fueran aquellas que se integraron inteligentemente al mundo. Tampoco fue casualidad que la República Dominicana creciera apoyándose en zonas francas, turismo e inversión extranjera. Pero ese mundo está cambiando. La globalización que conocimos —con menos barreras y más integración— está perdiendo fuerza. Las tensiones geopolíticas, el auge del proteccionismo y la fragmentación de las cadenas globales de valor son hoy una realidad. Y para un país pequeño como el nuestro, esto representa un desafío serio: no tenemos la escala suficiente para justificar por nosotros mismos grandes inversiones industriales ni para desarrollar nuevos sectores. Ahora bien, como dijo el primer ministro canadiense en Davos, “la nostalgia no es una estrategia”. No podemos diseñar el futuro dominicano añorando el mundo que fue. La pregunta correcta no es cómo recuperar el pasado, sino cómo posicionarnos en el mundo que viene. En ese espíritu, planteo tres estrategias que el país debería considerar con seriedad. Estrategia 1: Apostar decididamente a la exportación de servicios Durante mucho tiempo se pensó que el desarrollo solo pasaba por fábricas y chimeneas. Hoy sabemos que no es así. El economista Dani Rodrik ha señalado que ciertos servicios modernos tienen características similares a la manufactura: generan empleos formales, permiten aumentos de productividad y pueden insertarse en mercados internacionales. En la economía digital, el desarrollo también puede ocurrir desde una oficina conectada al mundo. Los datos globales lo confirman. El comercio internacional de servicios representa actualmente el 15.2 % del PIB mundial, su nivel más alto en un siglo. En contraste, el comercio de bienes está siete puntos porcentuales por debajo de su pico de 2008. Mientras el mundo se vuelve más proteccionista en bienes físicos, los servicios siguen expandiéndose. En América Latina ya tenemos un ejemplo concreto de éxito en pocos años: Costa Rica. Según la CEPAL, en 2024 exportó 9,280 millones de dólares en servicios modernos, de los cuales 6,698 millones corresponden a servicios empresariales y 2,387 millones a servicios de información y telecomunicaciones. No es casualidad: es el resultado de una estrategia coherente y sostenida. La República Dominicana tiene condiciones similares —e incluso ventajas adicionales—: una población joven, una diáspora amplia en Estados Unidos y dominio creciente del inglés. Decenas de miles de jóvenes dominicanos podrían ofrecer servicios de back office como contabilidad, gestión financiera, recursos humanos, tecnología de la información, así coo servicios de front office de soporte técnico y atención al cliente para empresas internacionales. Lo que falta no es talento. Lo que falta es una política pública clara para desarrollar capital humano con enfoque exportador: idiomas, habilidades digitales, certificaciones internacionales y zonas tecnológicas especializadas. Si el comercio de bienes se desacelera, apostemos con más fuerza por el comercio de servicios. Estrategia 2: Convertir el norte en centro regional de turismo de salud y retiro La región norte del país tiene ventajas estratégicas extraordinarias: cercanía con la costa este de Estados Unidos, capital humano calificado y una cultura de hospitalidad reconocida. En ciudades como Santiago ya se realizan procedimientos médicos con estándares internacionales y tecnología de punta. Sin embargo, el mercado local es pequeño para que estos centros alcancen su máximo potencial, y tenemos muchos doctores altamente especializados que estamos subutilizando por el limitado tamaño del mercado dominicano. No obstante, el mercado global de servicios de salud sí es grande. Según Global Health Intelligence, el turismo de salud mueve alrededor de 14 millones de personas al año y genera entre 55 y 75 mil millones de dólares en ingresos. Es un sector en expansión. A esto se suma el turismo de retiro. Más de 450 mil ciudadanos estadounidenses pensionados viven fuera de su país. Muchos buscan buen clima, servicios médicos confiables, costos razonables y facilidad para recibir visitas familiares. La zona norte dominicana reúne todas esas condiciones, y muchas más. Pero aquí conviene hacer una precisión: no se trata solo de construir habitaciones de hotel. Se trata de crear un ecosistema de servicios avanzados. Médicos, enfermeras, bioanalistas, técnicos, personal administrativo y profesionales de soporte pueden beneficiarse de empleos de mayor productividad. En pocas palabras, esta estrategia requiere más que infraestructura. Es imprescindible regulación clara, incentivos bien diseñados, certificaciones y acreditaciones internacionales en temas de salud, y sobre todo, inversión en capital humano especializado. No es turismo tradicional; es una plataforma de servicios de alto valor agregado. Estrategia 3: Profundizar la integración regional Durante décadas, hicimos bien en priorizar Estados Unidos y Europa. Son grandes mercados y seguirán siendo socios fundamentales. Pero si esos mercados levantan más barreras, debemos ampliar el radar y acercarnos más a las economías latinoamericanas y a las islas del Caribe. Al respecto, América Latina y el Caribe no sustituyen a Estados Unidos o Europa, pero pueden compensar parcialmente una menor apertura de esos destinos. Y en un mundo fragmentado, las compensaciones importan. Como ejemplo de la importandia del comercio intraregional, en Asia ofrece una lección poderosa. En las últimas cuatro décadas, el comercio a lo interno del continente asiático aumentó 43 %, al punto de que hoy en día más del 60 % del comercio de esa región ocurre entre sus propios países. Construyeron un mercado ampliado entre vecinos y redujeron su dependencia del mercado norteamericano. La pregunta es directa: ¿estamos aprovechando plenamente el Caribe y América Latina? ¿Estamos construyendo cadenas regionales de valor? ¿Estamos coordinando infraestructura logística y acuerdos comerciales con visión estratégica? Fortalecer la integración regional no es romanticismo latinoamericanista; es diversificación inteligente de riesgos. Mirar hacia adelante con realismo Ninguna de estas estrategias se implementa con anuncios gubernamentales ni con acuerdos de cooperación interinstitucional. Todas requieren reformas, coordinación público-privada, inversión en capital humano y visión de largo plazo. Y es que es que no podemos quedarnos esperando que el mundo vuelva a ser como antes. Si el comercio de bienes pierde dinamismo, debemos apostar más por servicios. Si los grandes mercados se cierran parcialmente, debemos diversificar destinos. Si la competencia global se vuelve más exigente, debemos movernos hacia sectores de mayor productividad. En definitiva, la grandeza de un país no está en resistirse al cambio, sino en anticiparlo con serenidad y visión de Estado.