El cuidado no basta
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El cuidado no basta

Claro está que las atenciones que tengamos para con un familiar, una pareja, un amigo… son sumamente necesarias, pero no podemos negar que el afecto, por mucho, es más importante.  No es lo mismo pasarle un vaso con agua a alguien para calmarlo porque está llorando, que darle un abrazo que hable por sí solo. No tiene valor hacer o comprar una comida al hambriento si no lo acompañamos de un gesto de cariño.  Hay muchas cosas que hacemos por los demás para callar nuestra conciencia, para pagar una cuota de alguna culpa o simplemente, para cumplir con requerimientos familiares o sociales.  En reposo ponemos el ingrediente más imperecedero, que es el amor. Es bueno decir que, tanto el cuidado como el amor deben combinarse para fortalecer cualquier tipo de relación. No estamos en nada si a nuestros hijos sólo los protegemos, pero dejamos de lado ese hermoso sentimiento que tan buena vibra les inyecta.  De qué le sirve a un hombre llevarle flores a su esposa si no es capaz de serle fiel o de darle un beso cuando ella menos lo espera. Y qué lindo es que la esposa también tenga gestos de amor para con su pareja. No importa la fecha, siempre es bueno que las muestras de cariño se expresen, no sólo con cuidado, sino con afecto. Jamás debemos confundir cuidados con amor.  Hay muchas cosas que se nos dan a modo de atención, pero que sabemos hacerla. No basta con que te saquen a pasear si durante el trayecto y en el “compartir” el celular es más importante que tú.  En todo caso sería mejor disfrutarte tú en tu soledad. No es suficiente con que te compren cosas si el precio que pagas por ellas es la ausencia constante de esa persona. Si trabajas, perfectamente te lo puedes comprar tú.  De qué vale que te llamen para saber cómo estás, si cuando la persona llega a la casa es como si tú no existieras. A veces no necesitamos una llamada, queremos ser tomados en cuenta. Por eso no podemos creer que atender es amar. Viendo que lo que abunda en nuestra sociedad, no es precisamente el amor a los demás, sino cumplidos disfrazados de atenciones, me fui a una ciudad fabulosa donde existe un equilibrio perfecto entre el cuidado y el amor hacia quienes nos rodean.  Allí están claros en que hay ocasiones en que un abrazo puede ser el mejor alimento; que un ‘te amo’ vale mucho más que las cosas materiales; que un beso en la frente es la muestra más hermosa de ternura y que se prefiere por encima de cualquier vanidad.  Allí, todos tienen bien definidos los conceptos de amor y cuidado. Saben que van de la mano, pero cada uno tiene su importancia y, cuando se combinan, son capaces de cambiar la humanidad. Al regresar a mi realidad, confirmé que el cuidado no basta.

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