De encuestas y percepciones
Si en el universo clausewitzeano “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, entonces, por lógica contraria, la política es también una forma de guerra, y, como tal, usa sus reglas. Si a eso le agregamos la obsesión de los civiles por el mundo militar, no debería sorprendernos que en el plano de la política –sobre todo la electoral– se usen palabras provenientes de su jerga, como “campaña”, “estrategia”, “táctica”, “logística”, “búnker”, “Día D”, etc. En el caso del PRM, por ejemplo, su situación interna luce lejos de estar en una preguerra civil. De hecho, parecería no sólo que el ADN divisionista del PRD se quedó en la Jiménez Moya, sino que muchos de los actuales dirigentes –aparentemente– han entendido (mucho mejor que lo hicieran sus padres en los 80’s), que sólo la unidad les garantiza la victoria y que la división únicamente les asegura la derrota. En ese contexto de consenso generalizado entre su dirigencia, de que tienen que llegar a 2028 unidos en torno a un único candidato (o candidata), es que se verifican las “guerras de guerrillas” en redes sociales; los enfrentamientos “de baja intensidad” entre “francotiradores” de los diferentes “frentes” que “batallan”; y, durante los últimos seis meses, una nueva fase de la “guerra” interna que obedece al mismo manual de siempre, uno que está viejo, gastado y que es conocido por todos: “la guerra de encuestas”. En la guerra, la percepción es tan importante como la realidad misma, pues a nivel subconsciente, el instinto de supervivencia apuesta a quien cree que va a ganar. De ahí a que se materialice la profecía auto cumplida hay sólo un paso, y, precisamente por eso, en ciertas fases de la campaña se apuesta a la estrategia de saturación numérica mediante la construcción de una percepción favorable, a través de encuestas. Tal cual vemos en el PRM en estos momentos. Proyectar fortaleza es también una forma de ocultar debilidad. Imponer una mayoría numérica es una estrategia de evitar un combate cerrado, que suele ser desgastante e impredecible. Por eso las encuestas se multiplicarán como la verdolaga, y, aunque unas reflejarán la verdad, otras la modificarán y tratarán de imponer otra versión de los hechos… y de la realidad. A lo interno del PRM, las encuestas de trabajo proyectan que la correlación de fuerzas se divide entre David, Carolina y Yayo, con los demás candidatos acelerando el paso, tratando de acortar distancias. Habrá que ver a quién beneficia la construcción de una opinión generalizada en torno a la inevitabilidad del resultado final, y forzar la idea de la conveniencia de una negociación antes que la convención; y, por tanto, la inutilidad de unas primarias. Toca pues que cada quien encuentre su ritmo y lo mantenga. La carrera es larga, el azar incierto y las bases son emotivas e impredecibles. Mientras tanto, seguiremos sumidos en una guerra de encuestas desgastante, y en esa guerra, sólo ganan los encuestadores. ¡Salud!