Inmigración y populismo
El Estado, el gobierno dominicano, ha dado suficientes muestras de su decisión de poner control a la inmigración ilegal de haitianos. Las estadísticas, que informan de más de 350 mil repatriados hacia Haití durante el año pasado y de centenares de arrestados mientras pretendían cruzar ilegalmente hacia territorio dominicano por la larga línea fronteriza, indican una dinámica común entre naciones del mundo que comparten territorio. El control de la inmigración ilegal de haitianos es un tema de Estado. Y así lo ha asumido el presidente Luis Abinader y la cúpula del liderazgo político nacional en un acuerdo histórico entre gobierno, oposición, sociedad que ha convocado lo más graneado de los poderes fácticos. La Dirección de Migración, nadando en aguas turbulentas y pisando terreno minado, ha hecho su trabajo, procurando evitar situaciones enojosas contra los derechos de los inmigrantes intervenidos. Un vigilante Observatorio independiente ha certificado esos esfuerzos, desplegados en el cumplimiento del deber nacional. De ahí, entonces, que es inaceptable que grupúsculos, que se atribuyen una representación nacional, que no tienen ni que nadie les ha otorgado, amenacen y pretendan actuar, incluso con violencia, contra bolsones de haitianos instalados en barrios de la ciudad. Los nacionalistas a ultranza se creen con ese derecho. Y lo practican, incluso por encima de las advertencias de las autoridades. Esos grupúsculos llegan al extremo de acusar de pro haitianos, como estigma, a los que no comulgan con la persecución brutal, la violencia, las acciones de xenofobia que pretenden. Es obligación de las autoridades, de la sociedad, por tanto, frenar y evitar los actos de barbarie que pregonan esos populistas, que pretenden ganar ‘fama’ a expensas del dolor ajeno. rlgonzalez50@gmail.com