La Opción Cero
Frente al abismo, Fidel Castro diseñó la “Opción Cero”, un paquete de medidas draconianas destinadas a sortear la crisis que supondría el cese del intercambio comercial y la ayuda soviética, lo que finalmente ocurrió en 1991. Pese a lo desgarrador que fue el “Período Especial”, la dureza de las medidas implementadas y la disminución de la calidad de vida del pueblo cubano, el régimen no se vio en la necesidad última de desplegar ese paquete de medidas, que supondría haber retrotraído a Cuba a la Edad Media. Ahora, 35 años después, el gobierno cubano se vuelve a mirar al espejo y su reflejo es dantesco. Desde el 1 de enero de 1959, el sueño húmedo de Fidel Castro, la meta suprema del “aparato” y todos los esfuerzos del Ministerio de Interior y el Departamento América, estuvieron dirigidos a la toma del petróleo venezolano. Ya sea por la vía pacífica/romántica (con la visita de Castro a Caracas, en 1959); la vía violenta, mediante al apoyo a la guerrilla de Douglas Bravo (1962-1967) o el posterior desembarco de Machurucuto (1967); o la cooptación de los cuarteles, que finalmente desembocaría en el apoyo a Chávez y su movimiento. La llegada del Chavismo al poder fue la joya de la corona de la inteligencia cubana, garantizando petróleo y suministro por los siguientes 25 años; pero, tras la captura de Maduro el 03 de enero; la traición de los Rodríguez y Cabello; y el portazo en la cara de toda la nomenclatura bolivariana –que lucha más por su supervivencia que por cualquier otra cosa–, sin apenas preverlo en los peores escenarios de sus ejercicios de planificación reactiva, La Habana se quedó sola y cercada. Donald Trump ha decidido no seguir su propio manual. Aunque en otras circunstancias se decanta por la grandilocuencia, la hipérbole discursiva, los golpes sobre la mesa y los discursos maximalistas (Gaza, Irán, Ucrania, Venezuela, Colombia, Canadá, Groenlandia, etc.), en el caso cubano ha decido usar el asedio como estrategia y la paciencia como arma. A diferencia de sus predecesores, Trump ni siquiera deja entrever que mete sus narices dentro, simplemente refuerza la cerca y aumenta los candados. Su posición es una, única y firme: el país que quiera negociar con Cuba tendrá que costear esa acción mediante el encarecimiento de su intercambio comercial con Estados Unidos. No es bloqueo, es la aplicación última de las leyes del mercado. La “Opción Cero”, implícitamente evidencia en términos estructurales el fracaso del modelo cubano. ¿Por qué instalar paneles solares ahora, bajo presión, y no antes? ¿Por qué hablar de autosuficiencia alimentaria ahora, y no haber tomado esas medidas hace años? El problema no es el bloqueo, el problema es el sistema. Quienes defienden “la revolución”, defienden un régimen estructuralmente incompetente cuyo fin primario y único es mantenerse en el poder. Las cosas como son.