El “micrófono”
En cada uno de los viajes semanales para inaugurar obras, se estipulaba el envío del sillón presidencial, la construcción de una caseta temporal para el acto y la colocación del sonido, con un micrófono móvil en el área donde se ubicaba al jefe de Estado, ya que al final de la actividad el presidente se dirigía al público o improvisaba una rueda de prensa. En esas actividades, que normalmente se celebraban martes y jueves, concurrían los funcionarios anfitriones de la obra, dirigentes del partido de gobierno en la comunidad, la prensa asignada al palacio y público en general. Pero había algo que me llamaba la atención: Los funcionarios constantemente preguntaban por el micrófono. Al principio, no entendía de qué se trataba. Pero era una pregunta constante cuando se iba a producir un acto de esta índole. Luego me percaté que la persona que estuviera más cerca del presidente Balaguer agarraba el micrófono y se lo ponía cerca de la boca, para que él pudiera dirigirse a los asistentes. No fue una ni dos veces que se presentaron trifulcas entre distinguidos personajes por sostener el artefacto sonoro, pero también en otras ocasiones hasta tres dirigentes estaban agarrando al mismo tiempo el micrófono, lo que era algo insólito. Incluso llegué a preguntar: “ y es que pesa tanto?”, lo cual hizo que muchos me miraran mal. El hecho de agarrar el micrófono llegó a convertirse en un signo de estatus y poder, una señal inequívoca de cercanía y cuan pegado estaba el portador del mismo. En una ocasión, recuerdo que un funcionario estaba tan nervioso sosteniendo el micrófono, que se lo pegó en la boca al dignatario y le dio un corrientazo. El presidente le dio un manotazo con la palma izquierda, que le voló los lentes al individuo y echó con voz molesta nuestro típico “San Antonio”. Sólo de ver algunas de las alocuciones presidenciales de aquella época, que se encuentran en las redes, podemos captar la diversidad de personajes que ejercían esas particulares funciones. Esto automáticamente le granjeaba el favor de muchas personas que entendían que ese solo hecho era un mensaje del aprecio y distinción del presidente. Sin embargo, la mayoría de veces el presidente no tenía la menor idea de quién estaba sosteniendo el micrófono. Un día a un director de Radio Televisión Dominicana se le ocurrió llevar un micrófono de chaqueta y colocárselo al presidente. Ese fue su último día en el cargo, todos a la vez, ejercieron presión para que fuera destituido, ya que ponerle ese artefacto les restaba protagonismo e inmediatamente se volvió al regular. Los pleitos e intrigas en cada inauguración por agarrar el micrófono, hacia que los funcionarios hasta llegaran a acuerdos, de a quién le tocaba en cada lugar. Aquello era algo inverosímil, pero descriptivo de la simbología del poder de la época y su impacto público. “Aunque usted no lo crea”.