Nietzsche: La muerte de dios y la crisis del hombre
Cuando residía en Milán, Italia, uno de mis principales pasatiempos era visitar la bellísima Librería Feltrinelli de Corso Vercelli (mi esposa es testigo). Para muchos era lugar muy agradable pues en tres grandes niveles podrías sentarse cómodamente a leer un libro, aunque no lo compraras, oír todo tipo de música, aunque no compraras el CD, disfrutar de un excelente aperitivo, y participar en puestas en circulación de libros y muchas veces grandes grupos musicales que presentaban su nueva producción, etc.. Paseando por las estanterías de libros de arquitectura, el área de los libros de Filosofía estaba a su lado, allí nos topamos con los habituales e inevitables títulos potentes y provocativos de Friedrich Nietzsche (1844 – 1900): “Así habló Zarathustra y Ecce Homo”, libros capaces de atraer incluso a quienes se acercan por primera vez al pensamiento filosófico. Sin embargo, detrás de esas portadas, se esconde un pensamiento que continúa hablando con fuerza de nuestro presente. Quizás hoy más que ayer. De adolescente y de formación cristiana esos títulos me impresionaron y me preguntaba: ¿qué quiere decir ese autor con que Dios ha muerto?. Una frase que de una manera u otra todos hemos escuchado (hasta en canciones): “Dios ha muerto”. “Y nosotros lo matamos”. Una afirmación que, por más que se abuse de ella, mantiene intacta su capacidad de perturbar, de cuestionar, de hacer pensar. La repetimos a menudo, casi como una expresión literaria, pero rara vez nos detenemos a preguntarnos qué significa realmente. ¿Porque sigue resonando? ¿Por qué parece tan dramáticamente actual?. Nietzsche no quería simplemente escandalizar. No era un predicador del ateísmo ni un iconoclasta superficial. Esa frase, seca y definitiva, es el grito de una civilización que ha perdido sus puntos cardinales. Lo que impresiona es que un siglo después, el mundo occidental no sólo no ha negado ese diagnóstico, sino que de alguna manera se ha dado cuenta plenamente de él. Dios cada vez interesa menos. Ya no es objeto de odio ni de contestación, ha sido simplemente dejado de lado. Se ha vuelto poco a poco irrelevante, ya no se combate, se ignora. Ha sido sacado del discurso público, de la educación de nuestros hijos, incluso del corazón de los mismos creyentes. Vivimos en una sociedad que se define como pluralista, espiritualmente abierta, pero que a menudo esconde bajo esta pantalla una especie de desierto interior. La ausencia de lo divino se disfraza de libertad, pero fácilmente se traduce en indiferencia. Entonces, ¿cómo no pensar en Nietzsche? Cómo no pensar a ese loco de la linterna que, en el libro” La Gaia Scienza” (1882), que corre a plena luz del día para anunciar que Dios ha muerto, y que el hombre ahora desprovisto de todo fundamento queda solo frente a sí mismo.. En el interesante libro “Psique y Techne” del filósofo Umberto Galimberti, el autor subraya cómo hoy la tecnología es el verdadero sujeto de la historia. La máquina, el cálculo, la eficacia han sustituido al mito, al ritual, a la fe. El cristianismo, que durante siglos ha moldeado la conciencia del Occidente, ya no está al centro. No tanto porque haya sido derrotado, sino porque ya no habla el idioma de nuestro tiempo. Nos vuelve la pregunta: ¿Qué quería decirnos realmente Nietzsche? ¿Era solo un destructor? ¿O en realidad estaba intentando despertarnos? Para mostrarnos que, al quitarnos a Dios, ¿también nos estábamos quitando una parte esencial de nosotros mismos? Nietzsche es una figura difícil de encasillar. Fue un crítico implacable, sí, pero también un pensador herido y profundamente perturbado. ¿Podemos leerlo como un nihilista? (un nihilista es una persona que no cree en nada, excepto en una cosa: que la vida no tiene sentido). En parte sí, pero quizás sea más correcto reconocer a Nietzsche su papel de profeta paradójico: aquel que, precisamente, al negar a Dios, nos obliga a reflexionar sobre su ausencia y lo que le sucede al hombre cuando Dios ya no está. Como el pensamiento de Nietzsche todavía puede hablarnos hoy, quizás más que muchos pensadores religiosos. El vacío dejado por la muerte de Dios, analizando Nietzsche no es solo cultural sino profundamente humano. Quizás en ese vacío se abre la posibilidad misma de la fe, de una manera nueva y tal vez más auténtica. Los filósofos de la antigua Grecia se plantearon preguntas similares. Después de más de dos mil años seguimos preguntándonos sobre lo divino, esto significa que estás preguntas nunca pasan de moda.. En el libro “Dio é morto. Riscoprire il divino senza cadere nelle nuove superstizioni” (Dios ha muerto. Redescubrir lo divino sin caer en nuevas supersticiones) de Riccardo Dal Ferro, el autor reflexiona sobre el tema de lo divino, buscando a partir de la provocación de Nietzsche, un lenguaje que pueda pensar en Dios después de su muerte, un Dios que quizás pide ser redescubierto de una manera más madura, más libre y menos dogmática.. Para comprender mejor a Nietzsche debemos partir de uno de sus conceptos más famosos: el nihilismo. Pero ¿qué quiso decir realmente? Lo define como la falta de objetivo, la creencia de que la vida no tiene sentido. Es el resultado de la crisis de los valores absolutos religiosos y metafísicos, En otras palabras, es la condición espiritual del hombre occidental una vez que Dios ha muerto, No es solo un problema filosófico, es un diagnóstico antropológico. Muchos piensan que el nihilismo es una filosofía de destrucción o desesperación, en Nietzsche es un desafío, un llamado a la transformación. Es el punto cero desde el que puede nacer un hombre nuevo, un hombre que en el vacío dejado por la muerte de Dios sea capaz de crear nuevos valores, de afirmar la vida con valentía. Hoy, el hombre de nuestro tiempo, desilusionado y frágil, muchas veces no responde con fuerza, sino con resignación, refugiándose en el conformismo, el consumo, la técnica, el desencanto. Como dijo el filósofo Walter Benjamín en su famoso ensayo “La obra de arte en la era de su reproducibilidad técnica”, la tecnología ha distorsionado nuestra forma de ver y sentir, quitando al arte y a la vida esa “aurea” que daba profundidad a la existencia. (La obra de arte en la era de su reproducibilidad técnica, George Latour Heinsen, Areíto, 16 diciembre 2023).. En su libro “Le parole di Gesu”, Feltrinelli 2021, Umberto Galimberti denuncia el vacío de sentidos en que viven especialmente los jóvenes, prisioneros de un presente hipertecnologico que anestesia la conciencia y aleja la pregunta sobre el futuro. Galimberti nos invita a redescubrir las palabras de Jesús, no como fórmulas religiosas cerradas, sino como recordatorios de la humanidad más profunda. Incluso Nietzsche en su libro “El Anticristo” invita a permanecer fieles a la tierra, abandonando la ilusión de otra vida incorpórea. Aquí se abre la posibilidad del pensamiento nietzscheano, leído sin superficialidad, de reflexionar sobre la ausencia de Dios, a interrogarnos más profundamente sobre lo que significa creer hoy, en un mundo en que Dios ya no parece hablar. Pero quizás gracias a esta muerte nietzscheana pueda nacer una fe más auténtica, libre de máscaras y superestructuras, capaz de encarnarse de nuevo en la vida.. “El Reino de Dios está entre vosotros” dice Jesús en el Evangelio según Lucas, una invitación a reconocer a Dios en el presente en la concreción de la vida, no en un “más allá” evasivo.. En una época marcada por el relativismo y el pluralismo cultural. La muerte de Dios se traduce en la fragmentación de los referentes morales. El desafío es construir valores compartidos sin fundamentos trascendentes, tarea que hace que la intuición de Nietzsche siga siendo relevante hoy.