Universidades y el futuro del cine dominicano
Hablar hoy del cine dominicano es hablar de una industria joven, en expansión y franco desarrollo. Durante décadas, hacer cine en la República Dominicana fue una tarea casi artesanal: pocos recursos, escasa formación técnica, mínima infraestructura y una débil política cultural. En los últimos años, ese escenario ha comenzado a transformarse, y entender ese cambio exige mirar más allá de la taquilla y poner atención en dos pilares fundamentales: el cortometraje y los espacios formativos que lo sostienen. La promulgación de la Ley 108-10 promulgada en 2010 para el fomento de la actividad cinematográfica marcó un punto de inflexión. Con ella llegaron incentivos, inversión, profesionalización y una mayor visibilidad del cine dominicano como industria cultural. Acrecentó la producción nacional, se fortalecieron los equipos técnicos y se amplió la participación dominicana en circuitos internacionales. Sin embargo, reducir el desarrollo del cine dominicano a la cantidad de largometrajes estrenados sería una lectura incompleta. El verdadero semillero del cine nacional ha estado, y sigue estando, en el cortometraje. El corto es el primer espacio de exploración para muchos realizadores. Su menor costo permite experimentar con lenguajes narrativos, asumir riesgos estéticos y abordar temas sociales que rara vez encuentran espacio en el cine comercial. En el cortometraje se ensayan diferentes miradas críticas sobre la identidad, la desigualdad, la memoria, el medioambiente, la migración y la juventud. Es allí donde el cine deja de ser solo entretenimiento y se convierte en un ejercicio de reflexión cultural, comunicacional y social. Por consiguiente, desde mi punto de vista los festivales de cortometrajes interinstitucionales han adquirido un valor estratégico. Universidades, centros educativos e instituciones culturales han entendido que formar cineastas no consiste únicamente en enseñar técnica, sino también en crear espacios de exhibición, diálogo y pensamiento crítico, más necesarios que nunca. Hoy contamos con la Asociación Dominicana de Escuelas de Cine, Comunicación Audiovisual y Multimedia (ADECAM), la cual tiene la misión de garantizar la calidad académica, promover la colaboración interinstitucional, así como potenciar una oferta académica en consonancia con las tendencias del entorno cinematográfico nacional, favoreciendo así la consolidación de un ambiente audiovisual competitivo y profesional en la República Dominicana. Estos festivales democratizan el acceso al cine, acercan la creación audiovisual a la sociedad y fortalecen la alfabetización audiovisual en un país donde se consume mucho cine, pero se reflexiona poco sobre él. En ese contexto, resulta fundamentalmente relevante la iniciativa anunciada por la Universidad APEC, de llevar a cabo el CLUFEST - Primer Festival de Corto Latino “Cine con Alma Latina”, - a celebrarse del 15 al 17 de abril de 2026. Este festival se proyecta como un espacio de encuentro, con el cortometraje como eje central y la identidad latinoamericana como horizonte común. También como un escenario de formación, intercambio y construcción de comunidad audiovisual, donde se unen, educación, identidad y creatividad. Al reunir producciones, estudiantes, docentes y creadores de distintos contextos, el festival refuerza la idea de que el cine también es una herramienta educativa y un vehículo para el diálogo cultural. Iniciativas como esta demuestran que la academia puede desempeñar un papel activo en el fortalecimiento del ecosistema cinematográfico, no solo como observadora, sino como generadora de procesos creativos. Por lo que, para muchos jóvenes realizadores, estos festivales representan el primer contacto real con la dinámica profesional del cine. Allí se aprende a trabajar en equipo, a cumplir plazos, a defender una propuesta narrativa frente a un jurado. Son experiencias que marcan trayectorias y que, en muchos casos, definen vocaciones. El desafío, sin embargo, sigue siendo la sostenibilidad. Es necesario articular políticas culturales que integren formación, producción, exhibición y crítica. Apostar por el cortometraje y por festivales como CLUFEST es mirar el futuro del cine dominicano desde sus bases, concibiendo que una industria sólida se construye a largo plazo y con visión educativa. La autora es Decana de Artes y Comunicación de la Universidad APEC