El Halftime del Super Bowl
Una tarde de balcón en un edificio de apartamentos en la zona céntrica de la ciudad de Santo Domingo
Se sientan. El líder, probando el peso del cuerpo sobre la superficie nueva, dice:
"Sentado en este mueble, miraré el Mundial de Fútbol de este año 2026".
Al cabo de un rato, uno de los hijos interviene:
"Estos muebles son para el pequeño balcón que tenemos; si queremos uno para la sala, será mejor que volvamos a la tienda y compremos otro, más adecuado".
El líder no responde de inmediato. Piensa que la casa siempre pide algo más. Finalmente asiente. Regresan a la tienda.
"Eso demuestra que estos muebles son mejores", concluye el vendedor.
El líder piensa que también demuestra que el tiempo pasa, pero no lo dice. Compran el mueble.
De vuelta en la casa, lo colocan en el mejor lugar.
"Aquí está bien, querido hijo", dice el líder, convencido. "Este es un sitio ideal para ver el half time con Bad Bunny".
"Correcto, papá", responde el hijo.
Miran el Halftime con Bad Bunny, Ricky Martin y la bella Lady Gaga. El líder observa en silencio. No comenta el posible efecto político de la presentación; sabe que todo espectáculo lo tiene, aunque se lo niegue. No fue lo mismo que cuando el artista recibió los Grammys. Le interesa más la ejecución, la maquinaria bien aceitada. Preparan sándwiches. El espectáculo continúa.
La líder les recuerda a los hijos que esos muebles no son para subir los pies. El líder escucha el consejo y también escucha cómo se disuelve. Sabe que en esa casa los hijos hacen lo que quieren. Recuerda un video visto alguna vez: los hijos deben cuidar los muebles del hogar. Piensa que nadie cuida nada demasiado tiempo.
Desde el balcón se ve la ciudad entera. El líder se sienta con una copa de vino. Mira hacia delante y piensa en la Navidad, en los fuegos artificiales, en la repetición anual de la maravilla. Recuerda su infancia: una vela romana, la quemadura, un chicle promocional. Desde aquí —piensa— todo se verá mejor, incluso lo que ya ocurrió.
Por ahora, desde aquí, se verá a la maquinaria brasileña avanzar: goles suficientes para cuartos, semifinales y la final del Mundial de México, Estados Unidos y Canadá. El líder confía en las maquinarias. Siempre lo ha hecho.
Le comenta a un amigo futbolero que no cree que se pueda apostar en las bancas a las selecciones del Mundial.
"Eso hay que averiguarlo", responde el amigo.
El líder decide averiguarlo. Confían en Alemania para poner unos cuantos pesos. Como antes se hacía con las Grandes Ligas: Colorado a más.
Le dice a su hijo:
"Prepárate. Mañana iremos a una banca a ver si se puede apostar".
El hijo sonríe:
"Quiero que el mueble del balcón se pague solo".
Luego agrega:
"Mucha gente dice que en el estadio donde Bad Bunny se presentó reinó el esplendor latino".
Y concluye:
"En esta civilización del espectáculo hay que estar preparado".
El líder asiente.
"Fíjate que la captura de Maduro fue hace una semana y ya nadie se interesa por él. No sabemos cómo marcha su salud. Así funciona esto".
Afuera suena un reguetón. Un Tesla cruza la calle sin hacer ruido. La ciudad sigue, visible desde el balcón.
El autor es mercadólogo, escritor y melómano nacido en 1974.