¿Ocupar un puesto o desempeñar un puesto”
Los despidos que se dan en el Estado, cada vez que alguien distinto asume un nuevo cargo al frente de alguna institución, son muy mal vistos por la sociedad. Me incluyo. Ahora bien, hay un detalle al que a veces no le prestamos atención y, que desde mi punto de vista es de suma importancia. Se trata de si antes de la desvinculación, se establece quién ocupa un puesto y quién desempeña un puesto. Para nadie está oculto que, históricamente, en las entidades gubernamentales siempre hay gente que sólo devenga un salario. Es decir, si son esos los que se van, de seguro que todos lo asumiremos de buena manera. Pero qué doloroso es cuando “le quitan” la comida a colaboradores que se fajan, que saben de su área, que dan la milla extra… Todo por poner a otro que, a veces, por no tener los conocimientos, lo que va es a ocupar ese puesto. Cada quien tiene su forma de actuar y sus razones para hacerlo. Lo cuestionable es dejar sin trabajo a gente con conocimientos, compromiso y responsabilidad laboral para beneficiar a personas que tal vez sólo van a ocupar una silla. En este país ese es el diario vivir. Lo triste es que esta práctica tan dañina se ha normalizado al punto de que, desde que llega un nuevo incumbente, los nervios, la incertidumbre y los desvelos se ponen a la orden del día. Es decir, que quienes pierden su trabajo, no sólo se quedan sin empleo, sino que también esto les afecta en un área tan sensible como lo es la salud mental. A raíz de los despidos aumentan los casos de depresión, ansiedad, ataque de pánico, y otros que mejor no mencionamos. Viendo cómo anda la situación en el país con respecto a este tema, quise visitar la ciudad fabulosa a ver cuál es el accionar del lugar en aspecto laboral, sobre todo, cuando hay cambios de mando. Para mi sorpresa, allí lo primordial es tener las competencias necesarias hasta brindar un buen café. Ignoran por completo el factor político, las religiones, las relaciones y todo lo que no aporte al trabajo. Los puestos se ganan por el desempeño de las personas, no por la linda carita que tenga alguien o por los vínculos partidarios con que cuente. Mientras haga bien tu trabajo, no hay nada que temer. No importa los cambios de mandos que hayan, el personal de las instituciones públicas y privadas, se respeta. Un colaborador sólo se aparta de su trabajo si comete una falta grave que atente contra la entidad y la dignidad humana. Nunca por antojo o amiguismo. Así que, vine a mi realidad confiada en que algún día en nuestra República Dominicana se tomará en cuenta la importancia de desempeñar un puesto, no de ocuparlo.