Los dilemas que taladran la salud mental
Desde la pandemia del COVID-19, hace seis años, los trastornos de la salud mental se han incrementado en todo el mundo. No solo como reflejo de los traumas generados por un virus mortal o paralizante, sino también por las incertidumbres de una revolución tecnológica que está transformando las formas de trabajo y haciendo prescindibles a millones de personas. Este cóctel de dilemas angustiosos taladra la mente de muchos, generando ansiedad, temores, delirios y actitudes pesimistas. Se ha dicho, con razón, que la otra pandemia —para la cual no somos inmunes— es la del deterioro progresivo de la salud mental. Preocupado por la expansión de este mal a todos los niveles, el Listín Diario organizó junto a la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, en noviembre de 2024, un foro científico cuyas conclusiones ayudaron a configurar un plan nacional de prevención y remediación. Entre sus recomendaciones clave destacaron la importancia del autocuidado, de cultivar vínculos sociales —“no dejarse atrapar por la soledad”—, y de priorizar el descanso, el ejercicio y la meditación. Hoy nos satisface confirmar que el gobierno del Presidente Luis Abinader, asumiendo buena parte de esas propuestas, ha decidido encarar el desafío con acciones concretas. Tal como se anunció ayer en el Palacio Nacional, se pondrá en marcha un vasto esfuerzo que incluye la expansión de la línea de servicio 811 —gratuita y confidencial—, el aumento de camas de 137 a 500, la creación de 89 Unidades de Intervención en Crisis y el futuro Instituto Nacional de Neurociencia. Justamente eso fue lo que propuso el foro Listín-PUCMM, donde el actual ministro de Salud Pública, Víctor Atallah, ya bosquejaba algunas líneas del programa presentado que se asume desde hoy como estrategias prioritaria. La democratización del acceso a una atención psicológica de calidad, unida al fomento del autocuidado y el apoyo comunitario, permitirá enfrentar la alta carga de depresión y ansiedad que hoy late en nuestra sociedad. Se trata, en definitiva, de un paso crucial hacia una salud mental entendida no solo como ausencia de enfermedad, sino como bienestar integral y colectivo. Un compromiso que debe ser de todos: instituciones, autoridades y cada ciudadano, desde la prevención hasta la empatía cotidiana.