¡Es la impunidad, vales!
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¡Es la impunidad, vales!

Desde antes de que fuera develado y judicializado un expediente de la magnitud del caso SENASA, dirigentes y voceros del pasado. PLD-FUPU comenzaron a tejer un relato tan conocido como conveniente: que todos los políticos son corruptos y que, por tanto, nadie tiene autoridad moral para señalar a nadie.. Ese libreto arrancó con una campaña sistemática de descrédito contra las personas y las actuaciones de Miriam Germán Brito y Yeni Berenice Reynoso al frente de un Ministerio Público que, por primera vez en décadas, actúa con independencia real. Según ese discurso, detrás de la apariencia de justicia no habría más que persecución política, un supuesto lawfare cuidadosamente diseñado.. La narrativa continúa con una advertencia interesada: si han aparecido casos de corrupción —reales o presuntos— en el gobierno iniciado en 2020, entonces el PRM carecería de calidad para cuestionar el desorden institucional, la corrupción y la impunidad que caracterizaron los gobiernos del PLD. El remate es elemental: “Miren SENASA; aquí todos somos iguales, todos somos corruptos, nadie puede señalar la viga en el ojo ajeno”.. Pero el relato del pasado hace agua por todos lados. Durante los doce y luego ocho años de sus gobiernos se acumularon tantos escándalos de corrupción que el pueblo llegó al hartazgo. Ese cansancio se tradujo en movilización social, protesta en las calles y, finalmente, en la expulsión del poder de quienes gobernaban amparados en la desmemoria y el cinismo.. Con todo, el problema más grave no fue —ni es— la corrupción en sí misma. Esa lacra ha existido siempre y existe incluso en países donde el corrupto paga con su vida. El verdadero drama de aquellos gobiernos fue la impunidad: la ausencia total de voluntad política para investigar, procesar y sancionar a los responsables del saqueo de los recursos públicos.. Hoy el escenario es distinto. Desde la judicialización del caso SENASA y otros expedientes, hasta la profilaxis ética que saca del gobierno a funcionarios señalados incluso por el simple peso del rumor público, el mensaje es claro: pueden surgir casos de corrupción, pero el sistema político e institucional se mueve para que no queden sin consecuencias.. Esa es la diferencia sustancial entre el ayer y el ahora. No es que antes no hubiera corrupción y ahora sí; es que antes había corrupción con impunidad garantizada, y hoy no.. Antes hubo tanta prensa apañando y asordinando los escándalos de corrupción, mientras que hoy se respeta y aplaude su independencia.. Toda esa parte del cuento no admite correcciones ni maquillajes: ya es historia. Por eso, sencillamente, no hay vuelta de hoja, no ha lugar a necias comparaciones, vales.

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