Empleos inestables
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Empleos inestables

No recibe mucha atención, pero uno de los cambios que han ocurrido en la economía dominicana ha sido la ruptura o atenuación de los vínculos afectivos que ligaban a los empleados con las empresas para las que trabajaban. Años atrás era común encontrar personas que pasaban toda su vida laboral en una misma compañía, a la cual defendían, se identificaban con ella y la promovían en su comunidad y en sus demás actividades. La lealtad era recíproca, pues la empresa correspondía dándole estabilidad de empleo y diversas consideraciones personales, salvo lógicamente en los casos en que incurrían casos en faltas graves. En nuestro medio esa relación no llegó, sin embargo, a los extremos alcanzados en otros países, particularmente en Japón, donde la selección de la empresa en la que se iba a trabajar era una decisión de importancia comparable a asuntos como qué estudiar y con quién casarse. Ese escenario pastoral, solidario, era aplicable allá sobre todo a las grandes corporaciones, y respondía a ciertas características propias de esa sociedad, que valora la responsabilidad, la autoridad, la gratitud y la conciliación. En Europa Oriental bajo el régimen socialista también existía estabilidad de empleos, garantizados en ese caso por el Estado, dentro de los esquemas de planificación vigentes en ese entonces. Aunque la productividad era muy baja y las ineficiencias del sistema eran proverbiales, esa estabilidad es ahora echada de menos por numerosos trabajadores, en especial por aquellos que por su edad y limitada preparación encuentran difícil competir por trabajos o están desempleados. Por supuesto, ningún empleo es realmente vitalicio, pero la inseguridad laboral que prevalece actualmente ha contribuido a la fragmentación que exhibe la sociedad dominicana, en la que cada quien trata de resolver sus problemas por su cuenta, sin confiar en las soluciones conjuntas. Percepciones de inestabilidad de empleo suelen conllevar reducciones en el nivel de compromiso y en el grado de lealtad. A pesar de esos efectos, presentes también en otros países, algunos economistas han escrito acerca de la aparente disyuntiva entre la estabilidad garantizada de empleos y la flexibilidad con la que las economías pueden adaptarse a situaciones cambiantes a fin de mantener su competitividad. Desde ese ángulo la estabilidad actúa como un elemento de costo laboral implícito, cuyas consecuencias conducen a un más bajo potencial de crecimiento. Gustavo Volmar

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